Pollo relleno con guarnición de ciruelas pasas y orejones

pollo relleno crockpot1Atrás quedaron los turrones, los cascabeles y los villancicos y aquí estamos, mi dueña y yo a mediados de enero todavía intentando estirar las vacaciones. Las suyas, en realidad, porque yo no he dejado de trabajar con tantas comilonas. Pero hasta aquí llegamos, que después de todo mi esfuerzo le exijo que vaya espabilándose un poquito para publicar algunas de las recetas con las que deleitamos al personal en estas fiestas. Que igual llegamos un poco tarde para esta Navidad, ejem, pero muy a tiempo para la siguiente (o cualquier fiesta de esas de impresionar a los invitados).

Empezamos con el pollo que nos comimos -es un decir en mi caso- en Nochevieja. Qué pollo. Tres kilos y setecientos gramos de pollo de corral, que cuando lo vimos, deshuesado y todo, pensamos que directamente no iba a caber en la base de cerámica. Pero cupo, vaya que cupo, y bien relleno y encima con sitio para la guarnición.

La hermosura de este pollo, además de su tamaño, reside en el factor “lo echo y me piro a hacer otras cosas”, lo que en días de fiesta se agradece a rabiar. Lleva faena, no lo niego, sobre todo en la parte en que mi dueña ha utilizado hilo y aguja para coserlo mientras, entre dientes, se preguntaba si los cirujanos o las costureras se rellenaban los pollos o los compraban ya rellenos en la carnicería. Pero luego todo es coser (jejeje) y cantar Rodolfo el Reno o Arre Burriquito mientras aprovechamos que la buena de Léntula se hace cargo de la cena mientras las señoras (y señores) de la casa se dedican a emperifollarse y otros menesteres más agradables.

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Ingredientes:

1 pollo entero, deshuesado

100-150 grs. de jamón york

100-150 grs. de jamón serrano

100-150 grs de beicon en tiras

100-150 grs. de queso en lonchas  (todos estos ingredientes dependiendo del tamaño del pollo)

1/2 kilo de carne picada de cerdo/ternera

Piñones, sal, pimienta, perejil y cualquier hierba aromática que quieran ponerle a la carne. Nosotras además pusimos ciruelas pasas y algunos champiñones.

100 grs. de orejones

100 grs. de ciruelas pasas

2 cebollas medianas, en aros

Un chorrito de Pedro Ximenez

Preparación:

Salpimentar el pollo por dentro y por fuera, y agregarle cualquier especie que nos guste (nosotras pusimos tomillo). Hay que irlo forrando con el fiambre en capas, para al final colocarle la mezcla de carne picada, las especias y los piñones en el centro y que al coserlo conserve la forma.

Se utiliza una aguja grande y un cordel resistente (y mucha paciencia, porque la piel del pollo es durilla, y encima, resbala un poco) hasta que quede totalmente cerrado.

En el fondo de la olla se colocan las cebollas, los orejones, las pasas y el chorrito de vino. Encima, preferentemente en un cestillo de verduras para que los jugos puedan escurrir, colocamos el pollo con la pechuga hacia arriba. Si es preciso, apretar el pollo para hacerle sitio, porque la tapa tiene que encajar bien o la cocción no será eficiente.

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Para este pollo en concreto hemos programado 4 horas en alto, pero si es más pequeño hay que reducir el tiempo de cocción, ya que si nos pasamos el pollo se destroza al sacarlo y queda poco presentable. Hay que sacarlo incluso si creemos que todavía no está cocido del todo (éste es el aspecto que tenía nuestro pollo después de 4 horas):

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porque la gracia es que quede bien cocido por dentro y podamos darle el toque final en el horno, 20-30 minutos para que la piel quede crujiente y de un bonito color dorado.

Mientras está en el horno, podemos aprovechar para reducir un poco la salsa-guarnición al fuego unos minutos y colocarla en al fuente junto con el pollo al momento de presentarlo a la mesa.

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No me digan que no es una maravilla, lo mejor de ambos mundos: cocinado por dentro lentamente, y tostado por fuera en un santiamén. Me juego el pomo de mi tapa a que muchos no esperarán hasta la Navidad siguiente para probarlo…

Solomillo de cerdo hasselback con manzana y beicon

solomillo hasselback crockpot1Suena rimbombante. Y lo es, pero así mismo es como tienen ustedes que presentarlo en la mesa esta Navidad, nada de “lomo con manzana” ni “solomillo con salsa” ni nombres exentos de exotismo. La mitad de la gracia en este plato es la presentación, y en este caso mi dueña y yo hemos tomado prestada la técnica de las patatas hasselback para preparar de manera diferente una carne tan barata, nutritiva y socorrida como el solomillo de cerdo.

No es una idea original nuestra. Encontramos una versión por ahí en internet hecha con manzanas fuji y con canela, pero no terminaba de convencernos; nos parecía que iba a tirar demasiado a dulce, así que hemos usado manzanas granny smith (valdrían también reineta o golden), beicon y un chorrito de brandy (que igual no se nota mucho, pero le da un toque más sofisticado al plato, por si acaso queremos impresionar a los parientes que esperaban comer cordero o langostinos, jajaja).

Ingredientes:

1 solomillo de cerdo grande por cada 2-3 personas (en la olla caben 2 solomillos sin dificultad)

4 manzanas granny smith

2 tiras de beicon por cada solomillo (o 3 tiras para 2 solomillo, igual sobra un poco)

Sal, pimienta, brandy

Preparación:

Salpimentar el solomillo. Pasar por la sartén y sellarlo ligeramente (no es necesario que se dore).

Cuando se haya enfriado un poco, hacerle unos cortes a lo ancho en los que introduciremos un trozo de beicon y otro de manzana.

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Partir las manzanas en gajos y ponerlas en el fondo de la olla con un chorrito de brandy. Colocar el solomillo sobre ellas y programar 3 horas en alto (si hay dos solomillos, o son muy grandes, poner media horita más, pero no mucho más, para evitar que se reseque).

A las tres horas, abrir la tapa y machacar un poco las manzanas (que para entonces ya estarán desechas) para hacer un puré. En caso de que se quiera más fino, pues ya saben que toca triturarlo, pero a nosotros nos fue suficiente aplastarlas con una cuchara de madera.

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¡Tarán! ¿A que queda aparente? Cama de puré de manzanas y encima una tajada de tiernísimo solomillo coronado con beicon… la carne conserva todo su jugo y el sabor ácido de las manzanas contrasta agradablemente con el de la carne. Como para no llamarle hasselback, con lo bonito que nos ha quedado…

Cordero al romero con champiñones y patatas baby

cordero crockpot1A la carrera vamos con los preparativos navideños. Mi dueña es la anfitriona absoluta de la familia y como todos los años anda de cabeza confeccionando el menú y organizándolo todo. Agobiadita la veo a la pobre, la verdad, pero ella se lo gana por ir de sobrada, que no sabe delegar. Bueno, no sabe delegar con otros, porque lo que es conmigo…

Este año el tradicional cordero lo hago yo. Porque sí. Porque me sale más bueno, punto. A algunos comensales les gusta al horno, así untadito en manteca y un vasito de vino blanco, más solito que la una, pero mi dueña no termina de encontrarle el gusto; a veces sale más seco que la mojama, porque para cuando se cuece una parte, otra se está quemando. Eso se acabó, señores, porque Léntula lo cocina todo todito de una vez, suave, tierno y jugoso y con guarnición incorporada.

Ingredientes:

1 paletilla de cordero (en Mercadona venden congelada una muy apañadita de precio, que viene precortada para poderla colocar sin dificultad en la olla, pero vale cualquiera).

2 cebollas cortadas en aros

1/4 kg. champiñones en láminas

1 bolsa de patatitas baby (también las venden en Mercadona, pero vale cualquier patata pequeñita y si no, pues patatas mondas y lirondas que también salen buenas).

Romero fresco (o seco), sal, pimienta, ajo picado, aceite de oliva, manteca de cerdo (opcional).

1 chorrito de vino blanco

Preparación:

En una sartén con un poco de manteca de cerdo (aunque puede ser aceite de oliva) dorar los trozos del cordero salpimentado por todos los lados, hasta que queden de un color tostado. Reservar.

Hacer una cama en la olla con la cebolla, los champiñones y las patatas, espolvorear con romero y sal. Verter el vino. Colocar el cordero sobre los vegetales y volver a espolvorear con romero, sal y ajo en trocitos.

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Programar 5 horas en alto.

Desde luego, a ver quién da más por menos: rico, lucidor, de fiesta, con mínimo esfuerzo y perfecto para adelantar trabajo, porque se puede hacer el día anterior y llevar al horno para calentar justo antes de servir en Nochebuena. Se puede intentar meter dos paletillas completas aunque sea un poco ajustadas (yo creo que caben, aunque con menos patatas; se deberá agregar 1 horita al tiempo de cocción), o hacer dos tandas en caso de familia grande -o comedora-, porque una paletilla de cordero de este tamaño da para 4 comensales con hambre o o como mucho 5 que se hayan empachado de canapés al llegar a la fiesta, no más. Dos paletillas ya nos hacen la cena completa.

cordero crockpot3Mucho me temo que esto no será suficiente para mi dueña, que amenaza con ponerme a preparar más platos navideños, así que manténganse a la espera, porque no tardaré en venir a la carga otra vez…

Cocido lebaniego

DSCN4557¿Ya hace frío suficiente? ¿Ya tienen congelados los dedos de los pies y la punta de la nariz? Porque entonces ya podemos hablar del cocido lebaniego, plato montañés contundente y reconfortante que mi dueña probó en una visita a Potes (Cantabria) y que entonces, en pleno verano, la cayó como un plomo encima de su cuerpecito serrano. A pesar de quedarse atontada y con ganas de siesta, la señora de mi casa disfrutó de su delicioso sabor y tomó nota mental para prepararlo (con mi ayuda) cuando llegara el invierno. Podría haberme negado, por supuesto; al fin y al cabo esas vacaciones la familia en pleno me abandonó para irse de excursión al norte y una tiene su orgullo. Pero para qué nos vamos a engañar, tengo el corazón blandito y al final sus súplicas me han conmovido…¡soy así de buena!

Como mi dueña tiene de cántabra lo que yo de olla express, buceó un poco en las profundidades de internet hasta que dio con una receta…. que era igual o prácticamente igual a la que tenía en el libro “Cocina cántabra”, de editorial Everest (cuyas páginas aparecen fotografiadas ahí). Así que con el beneplácito de las autoridades gastronómicas locales, les presentamos nuestra versión de la receta de este cocidito lebaniego , ¡que lo disfruten!

Ingredientes:

200 grs. de garbanzos lebaniegos o pedrosillanos (unos garbanzos pequeñitos muy graciosos y muy ricos; si no hay, pues de los normales, qué le vamos a hacer).

1/2 kg de carne de ternera (zancarrón), traducido para los que no somos del norte, morcillo.

150 grs. chorizo casero lebaniego

150 grs. tocino veteado

1 morcilla asturiana

1 trozo de jamón con hueso (nosotros pusimos una punta de jamón)

1/4 costilla de cerdo adobada (la pusimos normal, no encontramos con adobo)

1 repollo pequeño

Fideos finos

Aceite, sal, ajo y pimientón

Preparación:

Hay que remojar los garbanzos en agua caliente, con sal, un mínimo de 12 horas. Se ponen junto con las carnes en la olla, se sala, se le pone un chorrete de aceite de oliva y se cuece todo durante 10 horas en alto (cuando hay garbanzos siempre se cocina en alto). Nosotros ponemos agua de botella para la cocción porque el agua en Levante tiene mucha cal y no se cuecen bien.

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En otra olla se hierve el repollo en trocitos, y una vez escurrido, se puede aliñar con un refrito de ajo, aceite, y pimentón. Se reserva.

Sacamos toda la carne y los garbanzos de la olla y los presentamos artísticamente en una fuente (siempre y cuando el artista no sea Miró, un garbanzo aquí, un chorizo allá…) Se utiliza el caldo para cocer unos fideitos y ya está, plato completo, rico, calentito y llenador (en la receta original se sugiere agregar huevo duro picado, pero con tanta carne nosotras preferimos darle un respiro a las arterias…)

Un platito de cocido lebaniego y, ¡se acabó el frío!

Menudo

menudo crockpot1Aunque a estas alturas los supermercados ya llevan más de un mes intentando ponernos en sintonía navideña, no ha sido hasta que el frío hizo su aparición que mi dueña empezó a acordarse de Rodolfo el Reno y de los peces en el río, y por ende, de las tradicionales comidas de su infancia típicas de estas fiestas. Que no es por nada, pero tras años y años en España no se hace al cordero ni a las gambas, para qué nos vamos a engañar. Todos los años intenta hacer algo mexicano pero casi nunca lo logra porque 1) da mucho trabajo 2) es difícil conseguir los ingredientes 3) casi nadie se lo come más que ella, por aquello del picante.

Lo que mi dueña necesita es público -yo le digo que debería hacer un cásting- y ya me encargo yo de lo demás. Anda que no iban a salir voluntarios con la de cosas ricas que se pueden preparar a fuego lento…

El otro día se le metió entre ceja y ceja hacer menudo. El menudo no es otra cosa que callos con pimiento picante, y es la comida por excelencia de las resacas, porque aunque estés medio muerto te revive. Tengo que confesar que ni ella ni yo sabíamos por dónde empezar, e incluso la señora de la casa pasó un poco de vergüenza en el mercado central cuando fue a comprar la carne y descubrió, in situ, que el menudo se hacía con ternera y no con cerdo, porque aunque lo había comido muchísimas veces ciertamente nunca había intentado cocinarlo. Menos mal que mi dueña cocina de oído -o mejor dicho, de vista- y haciendo memoria pudo señalar la pieza de carne adecuada para el guiso.

Yo tampoco lo tenía fácil. Al fin y al cabo, no soy más que una crockpot española, así que tuve llamar a mi prima Pachorra Slowcooker para que me orientara un poco. Estaba muy atareada con la preparación de las posadas, pero me recomendó pasarme por este blog, Mexico in my kitchen y este otro, Mejorando mi hogar, en donde había sendas recetas de menudo que podían servirme. Nosotras hicimos un mix y éste fue el resultado.

Ingredientes:

1 kilo y medio de tripa (o estómago) de ternera (parece una alfombrilla de carne muy blanca, que luego hay que cortar en cuadraditos con unas tijeras).

1 trozo de pata de ternera

1 cucharadita de sal

1/2 cucharadita de orégano

4 dientes de ajo

3 litros de agua

6 chiles anchos (los venden secos en tiendas latinas; son de color negro y muy arrugados)

Cebolla cortada en cuadraditos y limón, para servir

Preparación:

Primero la parte fácil: echar todo en la olla menos los chiles, la cebolla y el limón y programar 7 horas en alto.

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La parte más trabajosa, hacer la salsa, con un paso a paso para principiantes:

1.Ponerse guantes desechables. Imprescindible.

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2. Remojar los chiles anchos en agua caliente

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3. Una vez reblandecidos, abrirlos y sacarles las semillas y las venitas (unos hilillos que algunas veces se les ven por dentro) a menos que quieran pasarse el resto de las navidades con la lengua anestesiada.

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4. El paso lógico siguiente sería hervir los chiles y luego triturarlos con un poco de caldo de la carne, pero dado que una vez vertida la salsa en el caldo le quedará una horita por lo menos dentro de la olla, no creo que haga falta, sobre todo porque con el remojo ya han quedado bastante blandos. Con triturarlos basta, que quede la textura más bien líquida (lo siento, no tenemos foto).

No se olviden de prolongar la cocción una hora más.

Servir con cebolla picada, limón, y orégano seco.

El sabor es tan auténtico que a mi dueña se le salían los lagrimones (el chile no tuvo nada que ver, jejeje…), lástima no tener tortillas de maíz (pero con pan también está bueno). Primera prueba, ¡superada!, a ver si Pachi se estira un poco y nos enseña a hacer tamales y pozole también, que mi dueña sigue con la morriña…

Pollo al limón

pollo al limón crockpot1Ya toca comidita de la suegra. Bueno, más bien dicho, receta de la suegra de la señora, a la que mi dueña lleva años intentando impresionar con sus platos. Y vamos ganando terreno, eh, que desde que estoy yo parece que la dejamos más contenta. El pollo al limón de hoy es muy sencillo pero sale tan tierno y con tanto sabor que parece que lleva más trabajo…

Ingredientes:

Pollo en trozos, muslos, jamoncitos, entremuslos… cualquier pieza que lleve hueso y preferentemente sin piel, la que quepa confortablemente en la olla (¿1 kilo y medio? Más o menos.  En Mercadona están vendiendo unos entremuslos sin piel congelados que están muy bien de precio).

1 pimiento italiano en trocitos

1/2 cebolla picada

1 ajo picado

Aceite de oliva virgen extra

Harina

Una yema de huevo

El zumo de un limón

Preparación:

Pasar el pollo por la sartén unos minutos (o no; si no tiene piel, nos podemos ahorrar ese paso, para no resecarlo). Ponerlo en la olla ya salpimentado.

Sofreír el pimiento, el ajo y la cebolla con aceite de oliva unos minutos, hasta que se hayan ablandado. Agregar un par de cucharadas de harina y un par de cucharadas de agua intentado ligar una salsa más bien espesa. Verter por encima del pollo.

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Programar 3 horas y media en alto. Es de esperar que la salsa se haya vuelto más líquida, con lo que tenemos dos opciones: o poner una cucharada de maicena o sacar algo de líquido a mitad de cocción para que espese. Batir con un tenedor la yema de huevo con el zumo de limón y echarlo por encima del pollo media hora antes de terminar. Rectificar la sal, dejar reposar media horita más.

Se acompaña muy bien con arroz blanco o puré de patatas.¿Lo malo? Se lo comen todo, no dejan más que los huesos. ¿Lo bueno? Si les queda hambre, siempre hay salsita para mojar con pan. ¡Y qué salsa! El toquecito del limón alegra y rompe con la monotonía del típico guiso de pollo en cazuela…

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Postre de calabaza asada y mermelada de ciruelas

Se nos está atragantando noviembre, qué mesecito llevamos: enfermedades, trámites, problemas varios. En esta casa nos atacan por todos los flancos y ahora mismo lo único que me sale es cocinarle algo a mi señora que la haga feliz, muy feliz.

La calabaza. Qué rica, pero qué faenita daba en el horno, y qué cara la venden por ahí cuando la tienen asada. ¡No hay problema!, yo me encargo. Siempre y cuando me pongan una calabaza que me quepa bien.  Así que mi dueña se pilló una pequeñita, pero hermosa en el mercado, pidió que la partieran por la mitad (¡son duras las puñeteras!) y me la colocó ipso facto.

Tres horitas en alto tardé. Y una hora de reposo (obligatoria por otro lado, a ver quién es el guapo que saca la calabaza quemando de la olla). Quedó con esta pinta, suave, enterita y sin chamuscados como suele tener al comprarla ya hecha:

A cucharadas ya es una delicia, pero con un poco de mermelada ácida (como la de ciruelas que también hice hace algún tiempo) y el consabido toque de nata montada queda muy aparente y bastante tentador. Si queremos algo más vistoso, y que nos sirva para presentarlo quizás como un postre ligero en estas fiestas hipercalóricas (aunque lo de ligero es por las calorías, porque la calabaza no engordará, pero pesar en el estómago sí que pesa…), podemos utilizar un aro y coquetear -aunque sea brevemente- con la alta cocina:

Este postre es un vicio, mi dueña no ha parado hasta que se terminó el último gramo de calabaza… seguro que hay por ahí más de uno que compartirá su opinión.

Arroz blanco

Andamos de capa caída en esta casa. Las gripes y las gastroenteritis se están cebando con las niñas y con mi dueña, y me tienen todo el tiempo haciendo calditos y sopitas. Poco espacio para la improvisación y la inventiva, me parece a mí. Y me preocupa que mis lectores crean que los abandono, yo que estoy al pie del cañón día tras día… ¡que una tiene sus fans!, no puedo descuidarlos…

Hoy no les traigo un plato de esos de impresionar, pero no deja de resultar útil por aquello de quitarme la mala fama de no saber arroces. Arroz blanco mondo y lirondo, pero también esponjosito y suelto sin tener que andarlo vigilando (mucho). Tampoco es que haya descubierto América: me atreví a hacerlo cuando leí que la autora de este blog lo había probado con éxito. Y oye, no está mal. Nada mal. Si alguien se estaba pensando comprar una arrocera, que se ahorre el dinero que conmigo basta y sobra. De hecho, me parece que mi dueña se ha decidido a que ese trabajo lo haga siempre yo de ahora en adelante, cansada de que se le olvide siempre lo que tiene en el fuego y acabe quemado.

Ingredientes:

1 taza de arroz vaporizado (no hemos probado con el normal; no garantizamos que salga bien).

2 tazas de agua

un poco de mantequilla para untar la base de cerámica

un poco de sal

Preparación

En la olla bien untada de mantequilla, poner el arroz, la sal y el agua. Programar 2 horas en alto (vigilar la última media hora por si acaso).

No vamos a ganar ningún concurso de cocina con esta receta, pero oye, resultón es un rato y con el mínimo esfuerzo.

Tarta Tatin

Cuenta la leyenda que la tarta Tatin fue fruto de un error. Que querían hacer una cosa y les salió otra, bastante más buena. Mi dueña fantasea con la idea de equivocarse y triunfar en la cocina, por lo que no ceja en su empeño de hacer experimentos diversos en donde el jorobado de Frankenstein casi siempre soy yo.

Desde que la señora de esta casa descubrió la existencia de la tarta Tatin hace unos cuantos años no pierde la oportunidad de prepararla y de autoinvitarse a casa de otros amigos que también la hacen. La preparación es realmente sencilla y sus ingredientes promueven la glotonería casi libre de culpa: ¿le vamos a poner pega a las manzanas con un poquito de azúcar y un poquito de harina y un poquito (jeje) de mantequilla?

Y tanto fue el cántaro a la fuente hasta que le tocó a Léntula, debía estar pensando, porque un buen día me propuso hacer la tarta a pesar de 1) tener que recurrir a un molde ya que no era posible hacerla directamente en la olla de cerámica 2) no estar del todo segura cómo se comportaría la masa quebrada a tan baja temperatura.

Y bueno, señores, el resultado ha sido más que bueno. ¡Buenísimo! La masa de la tarta no queda tan dorada como en la versión al horno, pero eso no tiene que ser necesariamente una desventaja (a nosotras nos gusta así). ¿La única pega? Hay que comérsela toda de una sentada, porque al no evaporar la olla las manzanas sueltan tanto líquido que terminan empapando la masa, salvo que tomemos la precaución de drenarla una vez dada la vuelta.

Ingredientes:

5-6 manzanas reinetas (se pueden usar golden, o usar de ambos tipos)

Azúcar para espolvorear

Caramelo

Un molde de tarta que quepa en la olla (el de alumnio desechable del Mercadona cabe perfectamente en la Kenwood; no es que nos guste demasiado, pero no hemos encontrado uno de cerámica que quepa tan bien)

Una plancha de masa quebrada (a mano) o con thermomix para cubrir el molde

Preparación:

Poner caramelo en el fondo del molde de aluminio (estaría guay hacer nuestro propio caramelo y esas cosas, pero somos vagas, no lo podemos remediar).

Pelar y cortar las manzanas en gajos grandes y acomodarlas “artísticamente” en el molde panza para abajo. O como mejor les parezca, intentando que no queden huecos entre un pedazo y otro. Espolvorear azúcar (a discreción… si las manzanas son reinetas hay que ser generosos con el azúcar, porque son bastante ácidas).

Cubrir el molde con la masa quebrada remetiendo un poco los bordes por dentro del molde, y pinchar con un tenedor. Colocar la tarta dentro de la olla.

Programar 2 horas en alto. No más. Incluso aunque la masa no parezca demasiado cocida (aunque lo esta; al contacto con el aire se endurece), porque entonces las manzanas se nos harán puré.  Dejarla dentro de la olla destapada hasta que sea posible sacarla sin quemarnos los dedos. Sacarla y dejarla enfriar en una rejilla.

Y, ¡muy importante! Si no se va a comer al instante, esperar hasta unos minutos antes para darle la vuelta, así evitamos que el líquido empape la masa.

Si por un casual queda demasiado ácida para su gusto (a nosotros nos va lo ácido), siempre está el recurso fácil de cubrirla de caramelo. Mmmmm.

Mmmmm. Mmmmm. Esta tarta no dura en casa nada de nada…

Fabada asturiana y una versión lowcost

Pocas cosas apetecen más a mi dueña en el invierno que un plato calentito, espeso y sabroso de legumbres, sean estas lentejas, garbanzos o alubias. Hasta este momento a lo más que habíamos llegado con estas últimas era a hacerlas con chorizo y jamón, con resultados bastante satisfactorios, pero nos faltaba probar a hacer fabada auténtica, con sus fabes y su compango asturiano. No sé por qué se le había metido en la cabeza a la señora que la fabada era una cosa complicada, quizás el miedo a hacer una chapuza de un plato emblemático de la cocina española; lo cierto es que lo bueno de la ignorancia es que resulta más fácil ser humilde y preguntar a los que saben, y empezar de cero.

Y eso hicimos. Y dimos con la receta de la fabada del restarante Casa Chema, galardonado en 2011 con el premio “La mejor fabada del mundo”. Digo yo que ellos sabrán bastante. Y lo sorprendente es que resulta tan fácil que parece que hacemos trampa. Y fácil seguía pareciendo hasta que tras mucho peregrinar (no hay fabes en la mayoría de los supermercados) fuimos al Mercado Central y encontramos las fabes a ¡12 euros el kilo! Con todo el dolor de su corazón mi dueña se rascó el bolsillo y accedió a comprar medio kilo, por aquello de hacer la receta al pie de la letra. Y aunque el resultado fue soberbio, la señora de esta casa repitió el intento un par de semanas más tarde con unas humildes alubias blancas del Mercadona, y comprobó con bastante satisfacción que hacían bien el apaño a un precio asequible (además de estar más a mano para conseguirlas). Así que no nos resistimos a compartir con ustedes nuestras experiencias con la fabada asturiana y con su versión lowcost.

Versión uno: Fabada asturiana

Ingredientes:

1/2 kilo de fabes

Tocino, panceta, chorizo, morcilla a discreción

1 litro y medio de agua, tal vez 2 (más o menos que cubra un par de dedos por encima)

1 cucharadita pequeña de sal

2-3 cucharadas de pimentón dulce

Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Dejar las fabes en remojo con agua fría durante 10-12 horas. Lavarlas y colocarlas en el fondo de la olla. Poner encima de ellas el compango (a excepción de la morcilla, que deberá esperar a las últimas 2 horas para que no reviente), el agua, la sal, el pimentón y un chorretón de aceite de oliva virgen extra. Programar 6 horas en alto. Dejar resposar todo lo posible antes de comer, o dejarlas para el día siguiente, que estarán muchísimo más buenas.

Versión lowcost:

1/2 kilo de alubias blancas

Un paquete de compango asturiano (o dos, si quieren más chicha)

1 litro y medio, 2 litros si se quiere más caldosa

1 cucharadita pequeña de sal

2-3 cucharadas de pimentón dulce

Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

¿Quieren que además de lowcost sea una fabada express? (Me río yo de lo express en una olla de cocción lenta, pero…) Pues nos saltamos el remojo. Así, por nuestra linda cara. Al contrario de otras legumbres que si no las remojas no hay forma de que queden blandas, las alubias no presentan demasiada resistencia y se pueden echar tal cual a la olla. De hecho, en México se comen frijoles por un tubo y mi dueña nunca a conocido a nadie que los remoje antes de cocinarlos. Incluso ya ha habido quién se ha preocupado por averiguar cómo cambian los tiempos de cocción con las alubias remojadas y sin remojar; la conclusión es que la diferencia no es significativa.

Así que si quieren comer fabada espesita mañana, yo les propongo que hoy por la tarde (por decir a las 6 pm) pongan todo en la olla (morcilla incluida, que con menos tiempo no revienta), programen 4 horas en alto… y luego procedan a refrigerarla hasta mañana a la hora de comer. No suena muy express, todo sea dicho, pero para ser fabada y no tener que esperar al remojo tampoco está mal, sólo hay que ver la pinta: