Tumba de zombie para Halloween

Quedan menos de tres días para Halloween y a mi dueña y a mí se  nos había ido el santo al cielo. El año pasado la señora de mi casa se curró una fiesta con cositas de comer con pinta monstruosa de por aquí y por allá, y fue la sensación, pero lamento decir que no fui requerida, ya que todo el mérito se lo llevaron el horno y la thermomix. Este año viene mi desquite, porque este bizocho-sepulcro da un poco de grimilla al verlo, pero luego todo mundo coincide en que está de muerte…

La receta es la del bizcocho de yogur de toda la vida, sustituyendo una parte de harina por una de cacao desgrasado en polvo porque, aunque ignoramos la razón, el bizcocho de chocolate hecho en la crockpot queda brillante, jugoso y poroso, y con un poco de imaginación parece tierra mojada para la tumba que queremos hacer.

Ingredientes:

3 huevos

2 medidas de azúcar

1 yogur natural sin azúcar (vale también alguno de soja, si hay intolerantes a la lactosa)

2 medidas de harina

1 medida de cacao desgrasado sin azúcar

1 medida de aceite (de girasol)

1 sobre de levadura química tipo Royal

Papel vegetal o de horno

Mantequilla para untar el molde

Piernas y brazos de muñeca (al gusto)

Gusanos de gominola

Una lápida de papel o de cartón, y un poco de gracia para escribir R.I.P., que a nosotras nos ha faltado.

4 palillos

Preparación:

Antes incluso de hacer la mezcla de los ingredientes para el bizcocho, hemos de disponer el molde, que debe ser uno de plumcake alargado que quepa en la olla (el estándar cabe perfectamente en la Kenwood). Se recorta un rectángulo de papel de horno que exceda el área de la base un poco y se coloca en el molde acomodándolo como Dios les dé a entender con la intención de que sea fácil desmoldarlo después. Se unta generosamente de mantequilla sobre el papel y en los lados del molde.

Se hace la mezcla del bizcocho y se pone en el molde. Se coloca el molde dentro de la olla y el primer palillo entre ésta y la tapa para que deje escapar un poco la humedad. Hay que programar 2 horas en alto y quizás un poquito más (15 minutos), pero sobre todo hay que dejar que sea el calor residual el que termine de cocer el centro del bizcocho, porque si lo dejamos más tiempo con esperanza de que quede bien hecho, las orillas se resecarán y quemarán (el momento de apagar la olla y dejarla destapada es cuando se meta un palillo -el segundo de la lista- en las orillas y salga limpio).

Una vez cocido y enfriado se desmolda. Los palillo tres y cuatro servirán para sujetar la lápida de papel al bizcocho (y si tienen una goma de borrar, no se olviden de usarla para que la lápida no quede tan cutre):

Se adorna con los brazos y piernas de la muñeca (las de la Barbie son ideales pero vale cualquiera) y algunos gusanillos de gominola. Le vendrían bien unos bichos variados de dulce o de plástico (arañas, escarabajos, tarántulas) pero la verdad es que no vale la pena esforzarse mucho, porque tampoco van a durar mucho sobre el bizcocho…

Manzana asada

A mi dueña no le gustan los dulces. Eso dice ella, pero luego no para de comer postres, que la he visto yo desde mi sitio en la cocina cuando cree que nadie más la ve. En su defensa he de decir que más que pasteles, merengues y natas le van las frutas con un toque ácido, por lo que siempre está maquinando nuevas formas de comerse una mermelada de frutos del bosque, un dulce de membrillo (¡con el mínimo de azúcar!) o una manzana asada.

Las manzanas más ricas para asar son las reineta, así de claro (con ese toque acidito delicioso) pero también hemos de decir que no aguantan tan bien el tipo dentro del horno como las golden. Como nos van los retos, mi dueña y yo hemos escogido 3 manzanas golden y 3 reineta para ver qué pasaba con ellas al calorcito de la olla.

Ingredientes:

6 manzanas (o las que quepan en la olla) de variedad reineta o golden.

2 cucharaditas de azúcar por manzana

1 cucharadita de mantequilla por manzana

1 cucharada de agua

Preparación:

Quitarles el corazón a las manzanas y en el hueco introducir el azúcar y la mantequilla. Pincharlas un poco con un tenedor para que no se rompa la piel al cocinarse. Echar en el fondo de la olla la cucharada de agua (no más, que sueltan mucho líquido) y colocar las manzanas de manera que quede espacio entre ellas.

Si son reineta: programar 1 hora y medio en alto y dejar reposar media hora más antes de manipularlas.

Si son golden: 3 horas en alto y dejar reposar media hora, como las otras.

Cuando ya estén tibias se les puede echar un poquito de mermelada en el hueco, o quizás algo del caramelo que queda al fondo de la olla… ¡deliciosas!

Cocido para vagos

A nadie le es ajeno el delicioso olor del cocido de la abuela, ese aroma que por sí sólo es capaz de traernos recuerdos de infancia felices y cálidos, que huele a inviernos familiares, a colegio, a domingos con los primos. Y para muchos, ese olor sigue ahí, porque, afrontémoslo, no todo mundo puede ir puesto por puesto en el mercado para conseguir las cosas que un cocido necesita, y, mucho menos, pasarse 2 o 3 horas vigilando para que no se nos queme.

Mi dueña sabe que no hay nadie que pueda hacer un puchero como yo, y por eso siempre me lo encomienda, pero a veces va con prisas y hace trampa para agilizar el proceso. Las grandes superficies se han inventado una bandeja que se llama “carne de cocido/puchero” y otra que se llama “verdura de cocido/puchero”, con lo que el tiempo de compra se reduce y dan más ganas de cocinar. Y para ser un cocido para vagos no está nada, nada mal…

Ingredientes:

1 bandeja de carne de cocido (y nosotras ponemos además algo más de pollo, un muslo o una pechuga, que normalmente viene escaso).

1 bandeja de verdura de cocido

Un puñado de garbanzos previamente remojados en agua caliente con dos puñados de sal durante 12 horas…. o garbanzos de bote ya cocidos y bien lavados, si aprieta la necesidad.

3 litros de agua

2 cucharaditas de sal

Preparación:

Poner en la olla la carne, la verdura pelada y troceada, los garbanzos, el agua (mejor mineral que de grifo, especialmente si viven en una zona con agua muy dura) y la sal (verán que el agua llega casi al borde la olla, pero como el agua no hierve, no hay peligro real de que se salga durante la cocción.

Programar 8-10 horas en alto si los garbanzos son secos (porque necesitan el agua bien caliente para cocerse bien), o entre 8-10 horas en bajo si son de bote (que a la carne le llega con temperatura baja, y los garbanzos que ya están cocidos no se deshacen). La variación del tiempo dependerá de qué tan espeso y concentrado quieran el caldo (una vez mi dueña lo dejó ¡13 horas! y el caldo salió con color agua de charca, y sorprendentemente DELICIOSO).

Mi dueña me deja preparada la noche anterior y con el temporizador puesto para encenderme a las 4 am… así se asegura de que sobre las 12-2 de la tarde del día siguiente esté listo para comer.  Delicioso, nutritivo y fácil. Las vagas también tenemos derecho a cocido, ¿o no?

Y tú, ¿cueces o enriqueces… a las compañías eléctricas?

Desde hace algún tiempo, el manido chistecito de “antes tenía miedo de la oscuridad, ahora tengo miedo de la luz” está empezando a dejar de tener gracia. Según la OCU, en los últimos 5 años la factura de la luz se ha incrementado en un 60 %, así nomás, como que no quiere la cosa. Y lo que nos queda, por desgracia. Lógico entonces que haya muchas personas a las que les preocupe que me pase enganchadita a la corriente eléctrica 4, 5, u 8 horas, y que crean que es mucho más eficiente utilizar una vitrocerámica, inducción o simplemente el gas.  A mi dueña el tema la traía bastante mosca, porque aunque su intuición le decía que no había habido un aumento significativo en el consumo desde que llegué a esta casa (incluso se ha reducido un pelín), ya saben lo que dicen: no se puede decir el color de la burra hasta que tengas los pelos en la mano…

La tarea no es sencilla porque lo primero con lo que te topas es con una obviedad: soy única e incomparable (y modesta, por añadidura).  Si hago un caldo, ¿me compararán con una cazuela de barro puesta al fuego, con un recipiente metálico o una olla express en una vitrocerámica o una cocina de inducción? ¿Cómo se mide el sabor, el esfuerzo, los nutrientes, la facilidad de uso? ¿Deberíamos utilizar el factor de repetición (contar cuántas veces repiten nuestros comensales)? Y la cosa se complica porque para hacer un asado o un bizcocho, mi competidor natural es el horno, sea de gas o eléctrico: ¿medimos la jugosidad, la ternura, la concentración de sabores, la necesidad de vigilarlo o no? ¿contamos con la gran ventaja de no calentar la cocina en verano? ¿pensamos en la eficiencia de cocinar en un recipiente del tamaño justo de nuestras raciones?

Unas lentejas cocinadas por mí se parecen a las de la olla express tanto como un deportivo a un utilitario. Cumplen la misma función primaria pero para qué nos vamos a engañar, no hay color entre unas y otras. Y a diferencia de lo que pasa con los coches -que como no estés forrado no hay manera de elegir, porque entre el precio y el consumo de gasolina y seguros el deportivo está fuera del alcance del resto de los mortales-, tanto el precio de una crockpot (20 euros la de Carrefour, 60 la del Corte Inglés) como su consumo energético moderado la hacen tanto o más asequible y eficiente que cualquier otro sistema de cocción de alimentos.

Ciñéndonos a los números mondos y lirondos, si ahora mismo el precio del kilowatio/hora en España está a 0,14 y un montón de decimales más (pero ya sabemos que esto puede cambiar de un momento a otro), el consumo estándar de una hora de crockpot en alto (290w-320w dependiendo del modelo) nos costaría 4-4,4 céntimos. Y como el tiempo medio de los guisos en alto es de 4 horas (aunque haya guisos de 2, 3 y 5 horas), la gracia nos saldría por 16 y 17,6 céntimos de euro respectivamente. Los instructivos de las ollas obvian el dato de cuánto se consume en temperatura baja, pero empíricamente podríamos afirmar que consumen la mitad que en alta, ya que el tiempo se dobla (de 4 a 8 horas), por lo que el gasto sería el mismo.

Cómo comparar eso con el consumo que tiene una vitro o una cocina de inducción, o incluso una de gas, es un misterio digno de Iker Jiménez. No sólo hay mil tipos de cocinas distintas con niveles de gasto energético dispares sino que encima en las páginas oficiales (Endesa, Iberdola) no se ponen muy de acuerdo en este tema. Tengo la impresión de que parte de la clavada que le meten a mi dueña con el recibo de la luz tiene que ver con la ignorancia en la que estamos sumidos: si supiéramos realmente en euros y céntimos lo que nos cuesta dejar las luces encendidas igual nos lo pensábamos mejor antes de hacerlo.

En la página de electrocalculator aparece que tener una cazuela de 21 centímetros de diámetro (comparo con la grande porque la crockpot es grande) al fuego en una vitro 1 hora consume 2200 w, y con inducción también (aunque como calienta más pronto se supone que es más eficiente). Suponiendo que quisiéramos hacer un guiso que nos tomara una hora, el coste sería de 30,8 céntimos. Una hora puede parecer mucho tiempo para tener un guiso al fuego, pero considerando que además del propio cocinado hay que contar con hacer el sofrito y luego volver a utilizar energía para recalentarlo, cosa que no pasa con la olla lenta ya que tiene los alimentos preparados a la hora de comer, las cuentas cuadran mejor.

Pero es que aún queda la comparativa del horno, y aquí la cosa también está calentita. En electrocalculator aparecen varios tipos de horno con distintos consumos (de 790 a 1200w) y es difícil atinar. Quiero suponer que por lo menos un par (los que menos consumen) se refieren a hornos tostadores pequeños, y no a hornos normales de cocina. En otra página consultada (interactiva e intuitiva, lo que permite utilizarla aunque no sepamos inglés) el consumo de un horno estándar casi se dobla (2300w), por lo que es difícil saber exactamente qué estamos comparando. Tampoco importa mucho: aunque utilizáramos el indicador más favorecedor para la comparativa (1200w en lugar de 2300w), a razón 1:4, el consumo de la olla lenta tampoco es ningún disparate, porque sigue siendo más o menos igual que el del horno eléctrico convencional.

Aún así, no todo el monte es orégano. Seguramente hay cocinas más eficientes y probablemente el coste podría reducirse y acercarse al consumo de la crockpot, no lo dudo. Incluso es muy probable que cocinar con gas sea todavía más barato (especialmente si usamos bombonas de butano), aunque sólo por 2 o 3 céntimos la hora. En todo caso, lo que cabría preguntarse es si esa diferencia compensaría las ventajas (facilidad, limpieza, simplicidad, mínimo riesgo, horas/cuchara)  que aporta la olla de cocción lenta a nuestro día a día.

De cualquier forma, si para el consumidor medio una olla de cocción lenta representa un ahorro con respecto a otros sistemas de preparación de alimentos, en algunos casos se hace casi imprescindible. ¡Anda que no nos ha tocado a nosotros vivir en casas sin horno, o en casas con una potencia eléctrica contratada que hacía que saltaran los plomos cada vez que se ponían al mismo tiempo la tele y el secador de pelo!

Con un consumo tan pequeño y una potencia reducida, soy una minicocina eficiente y barata que sólo precisa de un enchufe para hacer su labor (¿alguien había pensando en ponerme en el baño? ¡¡confiesen!!!), sin complicadas ni costosas instalaciones. Así que si les ha llegado la factura de la luz y están que se tiran de los pelos con lo que ha subido en los últimos tiempos, pregúntenle al horno, pregúntele a la secadora, pregúntele a los consejeros delegados de Iberdrola… ¡pero a mí no me pregunten, que yo no fui!

Pan milagro

Así como los perros se parecen a sus dueños, así me parezco yo a la mía: somos las reinas del mínimo esfuerzo. Queremos evitar la fatiga a toda costa y cada vez que sale por ahí una receta etiquetada como “fácil”, “rápida” o “práctica” salivamos como cachorrillos de Pavlov a la espera de que, efectivamente, sea tan sencilla como parece.

Y de pronto aparece el pan “milagro”: ¡eso teníamos que probarlo! Aunque la primera intención de mi dueña haya sido recurrir al horno (traidora…), tuvo que desistir cuando se dio cuenta de que no tenía un pyrex con tapa, como indicaba la receta. ¡Pero si yo soy de cerámica! ¡Y tengo tapa! Entiendo que mis 90 grados máximos de temperatura le hicieran dudar del éxito de la empresa, pero, ¡mujer de poca fe! ¿qué pierdes con probar? ¿Qué es la cocina, sino un gran laboratorio científico?

Nos hemos arremangado (yo me he recogido un poco el cable) y a la faena. Hicimos dos versiones del pan: con forma de hogaza y con forma de molde. Suaves, tiernos, deliciosos panes, pero el de hogaza mucho menos fotogénico que el tipo bimbo, porque lo que en uno es pecado -la falta de corteza- en otro es virtud.

No tuesto. Lo admito, sí, soy incapaz de darle al pan ese toque doradito tan apetecible (en mi próxima vida tendré un grill incorporado), pero la miga de mi pan… tiene miga. Esponjoso y delicado, lo que sí es un verdadero milagro es que quede algo de este pan para el día siguiente…

Ingredientes:

175 gr. de agua

310 gr. harina de fuerza

20 gr. de aceite

15 gr. de levadura prensada

1 cucharadita de sal

Preparación:

La gracia de este pan “milagro” es que no supone esfuerzo alguno. Se pone la harina en un cuenco y se le agrega la levadura previamente disuelta en agua templada y el aceite. Se amasa durante 10 minutos más o menos; la sal se incorpora a la mitad del amasado.

Peero si además eres tan vago como nosotras, la puedes hacer en thermomix: Se pone el agua, el aceite y la levadura 2 minutos, 37º, vel 2; se incorpora la harina y la sal, se mezcla 10 segundos velocidad 6 y luego 2 minutos velocidad espiga.

Luego se le da al pan forma de hogaza, se le hacen algunos cortes por encima (mi dueña los hace con las tijeras) y se coloca en la olla sobre un papel de horno, intentando que no toque los lados para que no se tueste demasiado:

o se mete en un molde de plum cake bien engrasado:

En ambos casos, y aunque la receta original dice que no es necesario dejarlo levar, digo yo que media horilla reposando en la olla con la tapa puesta tampoco hace daño:

Se programa 2 horas en alto, si es una hogaza, y quizás un poco más, 10-20 minutos si está en un molde. Según la humedad de la masa igual hace falta el famoso palillo entre la tapa y la olla, pero nosotras no vimos necesidad. Engaña bastante porque la corteza queda blanca, blanca, tan blanca que parece crudo, pero con este tiempo suele queda bien cocido por dentro y por los lados.

Si les llegan las fuerzas, se le puede dar un toquecito de grill en el horno, pero ya les digo yo que a los niños les gustará más la versión sin tostar (¿no le quitan siempre la corteza de cualquier modo?) Aquí medio pan con 5 minutos extra en el horno:

Hay que sacarlo y dejarlo enfriar antes de cortarlo. La versión molde hace unas rebanadas regulares perfectas para sandwich o tostadas (es momento de sacar la mermelada que hemos hecho) y la otra… la otra se come a trozos peléandote con los demás para que te dejen algo…

Mermelada de ciruela claudia

A la señora de mi casa, como a muchas mujeres de su generación, tan estudiadas, tan leídas ellas, tan chicas de mundo, le daba miedo hacer conservas. Sí, sí, miedo. De pronto alguna vecina hablaba de cómo ha había hecho una mermelada con la fruta que le había traído su suegra del pueblo y pensaba, “¡pero yo no puedo! ¿y tengo que estar dos horas removiendo? ¿y si se me quema? ¿y si se me hace mala? ¿y si me queda muy líquida? ¿y si la hago y luego no se quieren comer la del Mercadona?”

Pero a mi dueña se le iban los ojos con las mermeladas caseras. Mermeladas con menos azúcar que las comerciales, mermeladas de frutas no tan populares como las típicas fresa y melocotón, mermeladas sin tanto conservante artificial. Ah, querida mía, aquí está Léntula para cumplir tu sueño, le dije.  Que sepas que hago unas mermeladas de rechupete sin que tengas que darle a la cuchara, cuajaditas, con poca azúcar, naturales y sanas. Que si extremas las medidas higiénicas no hay que preocuparse porque se estropeen, especialmente porque están tan buenas que no te van a durar mucho en la despensa. Lamento informarte de que para tu última queja no hay solución, sí, ya no querrán las mermeladas industriales, lo siento, será mejor que lo asumas.

Ingredientes:

1 kilo de ciruelas claudias (o prunas, o rojas, o amarillas), en mitades, con piel pero sin semilla.

200-300 grs. de azúcar (he probado con ambas cantidades y cuaja perfectamente con ambas)

El zumo de un limón

Un palillo (sí, un palillo, es importante)

Preparación:

Poner todos los ingredientes en la olla. Programar 4 horas en bajo. Verán que las ciruelas parecen todavía enteras y que flotan en el almíbar. Es el momento de utilizar algún artilugio para machacarlas un poco (a mi dueña no le importa encontrarse trozos, pero si quieren una mermelada con textura más fina se puede usar el minipimer):

Aquí es donde viene el famoso palillo. Hay que colocarlo entre la tapa y la olla para que deje evaporar un poco y programar, también en bajo, 4 horas más.

Les puedo asegurar que con 8 horas en total y utilizando un kilo de ciruela la mermelada está lista con el mínimo esfuerzo y sin remover, incluso llevando tan poco azúcar. Si se quiere hacer más cantidad, o si la fruta es otra que no tenga tanta pectina de forma natural, tendrán que estar pendientes del tiempo, al que quizás deban agregar 2 o 3 horas para que adquiera la consistencia deseada.

Se puede envasar así mismo, en caliente y después someter a los botes a un proceso de esterilización que nos permita conservarlos durante mucho tiempo. De cualquier manera, para un kilo de ciruelas apenas salen dos tarros medianos, con lo que, en este caso, han ido de la de la olla al frasco, y de ahí a la nevera, en donde se espera se conserven sin esfuerzo por lo menos 10 días (pero en esta casa no se puede asegurar que duren mucho, la verdad).

Tenemos otras frutas en la lista y de momento, además de la ciruela claudia, hemos probado con pruna, ¡qué mermelada más deliciosa, se la comen a cucharadas! He aquí la prueba:

Desde luego, mi señora siempre dice que nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo, y lo que ella ha aprendido, según parece, es que no hay nadie que haga las mermeladas como yo….

Lengua a la jardinera

Aunque mucha gente huye de la casquería como si fuera el cobrador del frac, a mi dueña realmente no le dio tiempo a pensar en si la lengua de ternera le gustaba o no, porque cuando era niña era un ingrediente habitual en la mesa de sus padres. Los domingos por la mañana ahí estaba la lengua convertida en  barbacoa a la mexicana (en nada parecida a la americana, que necesita una parrilla) y alguna vez acompañada de verduras, en lo que su madre llamaba “a la veracruzana”.

Más de 30 años después va mi dueña y descubre en internet que la receta de la lengua a la veracruzana se parece más bien poco a la que hacía su madre, ¿y ahora qué hacemos? Pues si hay que cambiar de nombre, se le cambia, y se le pone alguno más florido, pero lo que sí sería un crimen es no compartirla con el mundo. Porque de Veracruz o de Campeche, de Zamora o de Valencia, esta carne tierna y jugosa, acompañada de verduras y con un toque fresco de cilantro es una delicia que todos deberíamos probar alguna vez en la vida.

Ingredientes:

Para cocer la lengua

1 lengua de ternera

4 dientes de ajo

10 hojas de laurel

1/2 cebolla

2 cucharaditas de sal

Para hacer el guiso:

1 lata pequeña de tomate triturado o 2 tomates en cuadritos

1 lata pequeña de guisantes

1 cebolla en aros

1 pimiento verde

1 pimiento rojo

2 patatas medianas en trozos no muy grandes

4 o 5 ramitas de cilantro

Un poco de caldo de la cocción de la lengua

Aceite de oliva y sal

Preparación:

La lengua requiere una cocción prolongada, por lo que debe cocinarse antes de hacer el guiso. Se cuece la lengua con los condimentos indicados en abundante agua (que la cubra) durante 6 horas en alto (si la lengua pesa menos de kilo y medio quizás se puede reducir algo el tiempo).

Se deja enfriar, se le quita la piel rugosa que la cubre y se hacen tajadas no muy finas. Se reserva.

En la olla, se pone en el fondo el tomate, luego las patatas y a continuación las tajadas de lengua -procurando que no toquen directamente la olla de cerámica, pues ya están cocinadas y se pueden tostar- y el resto de las verduras.

Se puede agregar un chorrito del caldo de cocción de la lengua (a nosotros nos gusta más seco, pero con más líquido se saca más salsa para mojar). Espolvorear con sal y agregar un chorrito de aceite de oliva.

Se programan 3 horas en alto. En algún momento dentro de esas tres horas sería una buena idea remover levemente el contenido para que la lengua pueda integrarse en el guiso e impregnarse de todos los sabores. No probarán una carne más suave que ésta, se los puedo asegurar…