Arroz con leche para brazos adoloridos

En la casa en la que vivo no hay tradición de hacer arroz con leche. A algunos no les gusta la leche, a otros no les gusta el dulce y a una -especialmente- no le gusta pasarse dos horas removiendo una cuchara sin parar para que no se pegue, como manda la receta asturiana tradicional.

Para lo primero no tengo solución. En gusto se rompen géneros, y para gustos colores. Pero, amigos míos, con mi ayuda el frotar -el fondo de la cazuela- se va a acabar.  Sí, sí, como lo oyen, ese movimiento de muñeca repetido miles de veces ya no será necesario si me confían a mí, Léntula Crockpot, esta conocida y deliciosa receta. No se va a pegar. No se va a quemar. Quedará listo y en su punto sin que tengan que venir a vigilarlo siquiera…

Ingredientes:

1 taza de arroz redondo

7 tazas de leche entera

1 taza de azúcar

1 ramita de canela (si no les gusta mucho el sabor a canela pongan sólo la mitad, porque con la olla se potencian los sabores)

Dos o tres peladuras de limón (sin la parte blanca, que amarga)

Preparación

Poner todos los ingredientes en la olla. Así, sin miedo, aunque aquello parezca una sopa de leche y no se alcance a ver el arroz.

Programar 3 1/2 horas en alto, y dejar reposar media hora más. Y ya está. Si acaso, a media cocción darle una vuelta con una cuchara, pero es más por sentir que hacemos algo que porque realmente le haga falta.

¿Fácil o difícil? Y no se pueden imaginar cómo queda… cremoso… dulce… espesito. ¿Se puede mejorar? Yo digo que no, pero mi prima Pachi dice que unas pasitas le vendrían bien, tal y como se prepara en México…

Al final a mi dueña sí que le ha dolido el brazo, pero de estar sosteniendo el kindle durante todo el tiempo que he estado haciendo el arroz con leche…

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Dorada con pimientos verdes y rojos

Qué calor, dice mi dueña, y eso que soy yo la que sudo la gota gorda 4 o 5 horas haciendo la comida en casa mientras ella puede ponerse delante del ventilado si se le antoja. ¿Qué esperaba? ¡Es verano! Y cuando sea invierno ya estará quejándose de que hace frío, como todos los años…

Aquellos que han oído hablar de mí, pero que no me conocen bien, se imaginan que soy una olla que sólo sirve para hacer pucheros y sopitas, y me juego mi asa derecha a que piensan que en estas fechas mi dueña me mete a una estantería a coger polvo mientras ella se alimenta de bocadillos y ensaladas. ¡Ni soñarlo! En verano la señora de mi casa me hace trabajar más todavía -si esto fuera posible- que en invierno, porque soy tan silenciosa que no le chafo las siestas, y caliento tan poco la cocina que le gano por goleada al horno y la encimera.

Hoy ha sido uno de esos días tórridos de verano en los que el apetito languidece y no dan muchas ganas de hacer una comilona. Por otro lado, no hemos llegado a finales de julio y los grandes resultados de la operación bikini (ajá…) se han quedado en nada tras las sesiones continuas de heladitos y frituras veraniegas. ¿Por qué no un pescadito ligero pero con mucho sabor? Mi señora ha traido unas hermosas doradas de ración que junto con una buena dotación de pimientos verdes y rojos y unos champiñones rescatados del fondo de la nevera han hecho las delicias de los habitantes de esta casa.

Ingredientes:

2 doradas de ración (o las que quepan, depende del modelo de la olla)

2 pimientos rojos y 2 verdes (en nuestro caso, los verdes eran italianos)

Un puñado de champiñones o cualquier otra verdura que se antoje

Sal y pimienta

Harina para rebozar

Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Se pasan por una sartén las doradas salpimentadas y rebozadas en harina, vuelta y vuelta, sólo para que cojan color.

En el fondo de la olla se ponen los pimientos en rodajas grandes y los champiñones en láminas, y se rocía con un chorretón de aceite de oliva virgen extra. Se espolvorea con una poca de sal.

Se colocan las doradas con mucho cuidado sobre la cama de verduras.

Programar 3 horas en alto (el pescado en realidad está hecho en 2 horas, pero es tan caballeroso que puede esperar a que los pimientos estén bien hechos sin perder la compostura).

Se puede acompañar de mayonesa (o mejor, ajoaceite) y arroz blanco.

Todo Quijote necesita un Sancho Panza (y el mío es un temporizador)

Aunque la mayoría de las veces mi dueña me deja trabajando sola durante muchas horas sin asomar la nariz a la cocina, no se crean que no tengo quién me acompañe. Mi compañero indiscutible de fatigas es un temporizador manual que lleva unido a mi cable de alimentación prácticamente desde que llegué a esta casa. Hace las veces de amigo y confidente, pero sobre todo de asistente personal, porque me lleva la agenda para que yo pueda saber cuándo -y cuánto- me toca salir a escena.

¿A que es muy guapo?

Cierto que tengo primas cercanas y lejanas, otras ollas más modernas y más caras que llevan un temporizador incorporado. Muy elegantes ellas, con sus numeritos luminosos y sus botoncitos alineados, pero les aseguro que no son tan eficientes como mi tempo y yo.  Porque a fin de cuentas, para funcionar necesitan que su dueño esté ahí al pie del cañón para darle a las teclas. Qué modernas que son, oye, pero como quieras comerte un cocido lo llevas claro, a menos que te levantes a las 6 de la mañana…

Mi tempo y yo le ahorramos esas molestias a nuestra dueña. Ahora en verano no se nota tanto nuestra aplastante superioridad, porque hace demasiado calor para echar los ingredientes y pirarse a dormir. Pero allá por noviembre cuando ya hay que ponerse jersey hasta para andar por la cocina, la señora de nuestra casa aprovecha la hora de la cena para irme llenando de carne, verduras y agua para, por ejemplo, hacer un puchero. Y luego programa el tempo para que me encienda a las 6 am y me tenga así hasta las 2 pm, ocho horitas de nada.  Y ella tan ricamente en la cama, eh, que nos ponemos a trabajar calladitos y sin armar escándalo en la madrugada.

También se da el caso contrario: la señora quiere hacer una receta que toma, por ejemplo, 3 horas, pero tiene que salir temprano por la mañana y no hay quién le dé al botón tres horas antes de la hora de la comida. Pues para eso estamos mi compi y yo, la doña se va tan feliz a hacer sus gestiones a las 8 am, nosotros nos ponemos a la faena a las 11 y a las 2 pm entra ella tan campante y nosotros tenemos la comida hecha y calentita. ¡Inténtelo con una olla programable! Lo más que podrá hacer será mantener la comida caliente, pero no estará tan en su punto como la nuestra.

Y si se va la luz… bueno, la programación automática se pierde. Caput. Nosotros también nos apagamos, pero al volver la corriente eléctrica seguimos trabajando como si nada. Eso sí, no hay que olvidarse de encender el botón de temperatura de mi panel frontal, porque ya nos pasó una vez que la señora se fue tan feliz con el temporizador ajustado y al volver me encontró fría y avergonzada con una pierna de cordero dentro tan cruda como la había puesto hacía 5 horas…

Es baratito. Silencioso. Discreto. Mi temporizador es mi escudero y toda crockpot que se precie debería contar con alguien como él…

Arroz a la olla para vagos de verano

Hace calorcito, ¿eh? Lo que más apetece en estos días es la piscina o la playita toda la mañana y luego a la terracita a comer, pero ahora que cada vez son menos los que se pueden dar ese lujo, ¿a quién le apetece llegar a las 2 de la tarde hambriento y cansado, con el bañador húmedo y rebozado como una croqueta y tener que ponerse a hacer la comida?

A mi dueña no, desde luego. “Los días de playa cocina Léntula”, dice muy relajada, y se queda más ancha que larga (cosa que tampoco es difícil midiendo 1,56 m, ejem…)  Y se reserva para estas ocasiones esos platos en los que invierte 10 minutos contados mientras termina de preparar las toallas y buscar los cubos y las palas de la peque que nunca están a mano.

Un favorito de esta casa es el arroz al horno para vagos, que ya es fácil cuando es verdaderamente al horno, pero cuando se usa una olla de cocción lenta como yo, ya merece ser incluido en el mejor libro de “Recetas para especímenes negados para la cocina que quieran fardar un domingo”. No es un arroz al horno “de verdad”. No tiene patata, ni tomate, ni se usa caldo ni carne del cocido ni arroz redondo, ¡pero qué les cuento, si ni siquiera se usa el horno!, pero da el pego y está bueno.  Y además no calienta la cocina. Palabrita de crock-scout.

Ingredientes:

1/2 kilo de costillas carnosas

8-10 longanizas frescas troceadas

1/2 cabeza de ajo

1-2 morcillas

1 bote de garbanzos cocidos

2 vasos de arroz vaporizado (en algún momento experimentaré con arroz redondo, pero ahora mismo no respondo si se pone pastoso mientras estás tumbado tostándote en la playa).

3 vasos y medio de agua (originalmente eran 4, o sea el doble de agua que de arroz, pero me reservé medio vaso por si acaso y al final no hizo falta).

1 pastilla de caldo de carne

sal, aceite, pimienta negra, colorante alimentario

Preparación:

En una sartén freír unos cuantos minutos las costillas salpimentadas, las longanizas, el ajo y las morcillas (las morcillas muy poquito, que se deshacen). Echar a la olla.

Vaciar el bote de garbanzos sin el líquido.

Calentar el agua y disolver en ella la pastilla de caldo de carne y el colorante (un poquito, 1/2 cucharadita) y rectificar la sal.

Poner los dos vasos de arroz.  Agregar el agua muy caliente.

Programar 3 horas en alto. Dejar reposar media hora para que arroz termine de absorber los sabores sin pasarse.

Para mi dueña fue una auténtica sorpresa ver que el arroz quedaba suelto, en su punto justo de cocción, porque las malas lenguas decían que las ollas de cocción lenta no servían para hacer arroz que no fuera caldoso o meloso. ¡Pues tururú, sí que me sale y bien bueno además!

Mi señora me dice que la próxima vez nos arrancamos con un arroz al horno de verdad, con su panceta y su caldito casero…  bueno, de verdad pero sin horno, que ya me basto y me sobro yo sola para hacerlo.

Bizcocho de yogur con chocolate

bizcocho crockpot

Una imagen vale más que mil palabras… pero da igual, a mí me gusta hablar hasta por las asas. Sí, sé hacer postres, aunque de entrada la idea de una olla de cocción lenta haciendo tartas pueda resultar extraña. De hecho, modestia aparte, el bizcocho me sale fenomenal y lo que es mejor, es a prueba de principiantes…

Ingredientes:

(Es el típico bizcocho de yogur aunque con cacao, así que recuerden que hay que utilizar el envase vacío como medida).

3 huevos

2 medidas de azúcar

1 yogur natural sin azúcar

2 medidas de harina

1 medida de cacao desgrasado sin azúcar (podría ponerse nesquick o similares, pero habría que rebajar la cantidad de azúcar de la receta)

1 medida de aceite (de girasol)

1 sobre de levadura química tipo Royal

Preparación:

Se mezclan todos los ingredientes. Ya está. Los puristas dicen que primero se baten los huevos con el azúcar y luego se añade el resto alternando sólidos y líquidos, pero yo les aseguro que las hijas de mi dueña ponen los ingredientes en cualquier orden y el bizcocho sale igual. Que se me rompa el cable de alimentación si miento…

Se engrasa con mantequilla un molde (de metal o silicona) que quepa dentro de la olla (con cierta holgura, que si no se me queda un complejo de Metro a horas punta que pa’ qué) y se vierte la mezcla dentro.

bizcocho chocolate crockpot

Una vez colocado el molde dentro se programan 2 horas en alto.

Ojo: utilizando una olla de cocción lenta el bizcocho queda mucho más húmedo y jugoso que con el horno tradicional… la apariencia puede llevar a engaño, por lo que tras dos horas hay que utilizar el consabido palillo para verificar si está cocinado por dentro. Ya les digo yo que aunque en la superficie se vean burbujitas, con ese tiempo tiene más que suficiente…

La señora de mi casa está encantada desde que descubrió esta pequeña habilidad mía, porque así puede hacer bizcochos en verano sin calentar toda la cocina con el horno. Y encima le da gusto a su hija mediana, que siempre se come “lo de adentro” de bizcocho, porque la corteza la parece dura. Y mi bizcochito es taaaan tierno, taaaan tierno, que nadie en casa se resiste a probarlo.

¿Y tú, serás capaz de resistirte?

Liebre vs. tortuga: rollo de pollo con salsa barbacoa

La señora de mi casa no puede vivir sin mí. Así como se los cuento, sin exagerar. Cuando estaba a punto de parir a su tercera hija (que ya son ganas) se me empezó a hacer una grieta en la parte de cerámica y poco faltó para que la criatura naciera en la sección de pequeños electrodomésticos del Corte Inglés, porque salió corriendo a repararme y no se movió de ahí hasta que salió con mi recambio nuevecito y reluciente. Es que soy imprescindible, aunque cada vez tenga más competencia.

Reconozco que sentí el envenenado aguijón de los celos cuando a esta casa entró la thermomix. Sí, lo sé, qué infantil de mi parte, sabiendo que yo valgo mucho más de lo que cuesto, cosa que incluso los fans acérrimos de la maquinita de más de 1000 euros tendrán que reconocer. Pero los celos son libres, amigos. Y de vez en cuando tengo que ponerme a prueba para demostrar (y demostrarme) mi eficacia.

A mi dueña le dio un día por hacer esta receta en la thermomix y desde entonces recurre a ella con frecuencia. Y se chupa los dedos. Y está encantada con la maquinita. Grrr. Pues a ver si se cree que yo no puedo hacerla. Y más rica. Y gastando menos…

Esta mañana la he convencido y nos hemos puesto a la faena. Dice que incluso podemos hacer una sección titulada “Liebre vs. tortuga” para ver cómo me mido con otros aparatos. O como diría mi prima Pachi, “ a ver de qué cuero salen más correas“. Y éste es el resultado.

Ingredientes:

Rollos de pollo

Pechugas de pollo abiertas en libro (en la receta original pone pavo, pero prefiero hacer 3 pechugas de pollo, que quedan más jugosas)

Jamón york, jamón serrano, queso en lonchas  (calculando dos lonchas por pechuga de cada cosa)

Un paquete de beicon (tocino, que diría Pachi)

Ciruelas pasas (4 por pechuga, sin hueso pooor favor, que los dentistas salen caros)

Sal y pimienta

Salsa:

100 gr. de aceite de oliva virgen extra
200 gr. de cebolla
3 dientes de ajo
1 cucharada de orégano, comino y pimienta
50 ml de vinagre
50 ml de mostaza
300 ml de ketchup
30 gr. de azúcar
1 lata de Coca-Cola (no ligth)

Preparación:

Los rollos se hacen poniendo el jamón serrano, el jamón york, el queso y las ciruelas pasas dentro de las pechugas abiertas y previamente salpimentadas. Una vez enrolladas se cubren con el beicon y se ajustan un poco (aunque tampoco se aprietan mucho). Se envuelven con papel aluminio.

crockpot receta

La salsa se hace metiendo todos los ingredientes en la batidora (licuadora) hasta que queden totalmente triturados. Con tantos ingredientes parecerá un experimento de laboratorio, pero mi dueña (y su santo) aseguran que queda muy rica.

Ponemos la salsa en el fondo de la olla y encima colocamos las pechugas. Para mantenerlas aisladas de la salsa sería buena idea colocarlas sobre bolas de papel aluminio o sobre este cacharro que no sé cómo se llama, pero que es mi compañero de fatigas habitual:

Programamos 3 horas en alto. Y dejamos reposar media hora más. Hala, ya está. Sin botones ni velocidades ni instrucciones complicadas. ¡Supera eso, themomix!

Por cierto, tanto los rollos como la salsa se pueden dejar preparados (antes de la cocción) la noche antes y quedarse en la nevera esperando a que dispongamos de 3 minutos a la mañana siguiente para poner la olla en marcha…

El resultado:

Para que la competición fuera justa la señora dividió la salsa una vez batida en dos partes, una para la thermomix y otra para mí, y lo mismo con las pechugas, dos para cada una y nos puso en marcha. Y aunque la thermomix tuvo tiempo de afilarse las cuchillas y leerse tres veces su instructivo mientras yo terminaba (soy lenta, tampoco es un secreto), el resultado fue bastante satisfactorio (la de la derecha es la mía):

pollo relleno crockpot

Nótese cómo el beicon de mi pechuga quedó doradito; la de la thermomix sólo quedo cocido. Jejeje, no está mal para una humilde olla frijolera, ¿a que no?

Al corte: vale, sí, la pechuga de la thermomix es más fotogénica, no voy a negar lo evidente. Pero es que mi pechuga es más bonita en persona…

receta pollo relleno crockpot

La prueba del sabor:

Dicen la señora y su costillo que mi pechuga salió más jugosa y, sobre todo, con más sabor,  así como la salsa, lo que viniendo de dos personas a las cuales la receta original ya les parecía exquisita es un verdadero halago.

rollo pollo crockpot

Por cierto, sale bastante salsa y se puede guardar en la nevera durante mucho tiempo.

Qué, ¿valgo o no valgo? Léntula 1, Thermomix 0. Y las que nos quedan…

La historia de mi familia

Podría adornar un poco la verdad diciéndoles que las Crockpot nacimos en un momento de inspiración de un técnico de la NASA, pero prefiero ir con la verdad por delante: nacimos como ollas frijoleras, nada más y nada menos que con ese noble (aunque poco glamoroso) objetivo.

Mi prima mexicana Pachorra Slowcooker, (Pachi para los amigos) sabe bien de lo que hablo. En México hay que sentarse a vigilar los frijoles, para que no cunda la violencia (es decir, para que no se peguen) y para las amas de casa eso es harto aburrido. Desde que llegó Pachi en esa casa hay frijoles sí o sí, tengan o no tengan que salir sus habitantes a la calle.

Me contaba mi abuela Naxona de Chicago que allá por los 70’s emparentó con la familia Rival y que de ahí nació Crockpot, mi madre querida. Mi madre llegó en el momento justo al sitio justo, cuando las mujeres se incorporaban masivamente al mercado de trabajo y necesitaban resolver el asunto de la comida de una forma eficiente y segura. Y como no sólo de frijoles vive el hombre, le empezaron a echar carne y verduras a la olla. Y hasta hoy.

Y desde entonces la familia no ha hecho más que crecer, porque habemos ollas de todos los colores y tamaños, todas lentas y todas trabajadoras. Yo soy una Kenwood, pero tengo primas Rival, Hamilton Beach, West Bend y Cuisinart, entre otras…

Cuando tenga otro rato vendré a contarles cómo somos las Crockpot cómo funcionamos. Es que en esta familia nos parecemos muucho, y tenemos nuestras cosas, pero les aseguro que somos más buenas que el pan y muy cumplidoras.