Postre de calabaza asada y mermelada de ciruelas

Se nos está atragantando noviembre, qué mesecito llevamos: enfermedades, trámites, problemas varios. En esta casa nos atacan por todos los flancos y ahora mismo lo único que me sale es cocinarle algo a mi señora que la haga feliz, muy feliz.

La calabaza. Qué rica, pero qué faenita daba en el horno, y qué cara la venden por ahí cuando la tienen asada. ¡No hay problema!, yo me encargo. Siempre y cuando me pongan una calabaza que me quepa bien.  Así que mi dueña se pilló una pequeñita, pero hermosa en el mercado, pidió que la partieran por la mitad (¡son duras las puñeteras!) y me la colocó ipso facto.

Tres horitas en alto tardé. Y una hora de reposo (obligatoria por otro lado, a ver quién es el guapo que saca la calabaza quemando de la olla). Quedó con esta pinta, suave, enterita y sin chamuscados como suele tener al comprarla ya hecha:

A cucharadas ya es una delicia, pero con un poco de mermelada ácida (como la de ciruelas que también hice hace algún tiempo) y el consabido toque de nata montada queda muy aparente y bastante tentador. Si queremos algo más vistoso, y que nos sirva para presentarlo quizás como un postre ligero en estas fiestas hipercalóricas (aunque lo de ligero es por las calorías, porque la calabaza no engordará, pero pesar en el estómago sí que pesa…), podemos utilizar un aro y coquetear -aunque sea brevemente- con la alta cocina:

Este postre es un vicio, mi dueña no ha parado hasta que se terminó el último gramo de calabaza… seguro que hay por ahí más de uno que compartirá su opinión.

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Tarta Tatin

Cuenta la leyenda que la tarta Tatin fue fruto de un error. Que querían hacer una cosa y les salió otra, bastante más buena. Mi dueña fantasea con la idea de equivocarse y triunfar en la cocina, por lo que no ceja en su empeño de hacer experimentos diversos en donde el jorobado de Frankenstein casi siempre soy yo.

Desde que la señora de esta casa descubrió la existencia de la tarta Tatin hace unos cuantos años no pierde la oportunidad de prepararla y de autoinvitarse a casa de otros amigos que también la hacen. La preparación es realmente sencilla y sus ingredientes promueven la glotonería casi libre de culpa: ¿le vamos a poner pega a las manzanas con un poquito de azúcar y un poquito de harina y un poquito (jeje) de mantequilla?

Y tanto fue el cántaro a la fuente hasta que le tocó a Léntula, debía estar pensando, porque un buen día me propuso hacer la tarta a pesar de 1) tener que recurrir a un molde ya que no era posible hacerla directamente en la olla de cerámica 2) no estar del todo segura cómo se comportaría la masa quebrada a tan baja temperatura.

Y bueno, señores, el resultado ha sido más que bueno. ¡Buenísimo! La masa de la tarta no queda tan dorada como en la versión al horno, pero eso no tiene que ser necesariamente una desventaja (a nosotras nos gusta así). ¿La única pega? Hay que comérsela toda de una sentada, porque al no evaporar la olla las manzanas sueltan tanto líquido que terminan empapando la masa, salvo que tomemos la precaución de drenarla una vez dada la vuelta.

Ingredientes:

5-6 manzanas reinetas (se pueden usar golden, o usar de ambos tipos)

Azúcar para espolvorear

Caramelo

Un molde de tarta que quepa en la olla (el de alumnio desechable del Mercadona cabe perfectamente en la Kenwood; no es que nos guste demasiado, pero no hemos encontrado uno de cerámica que quepa tan bien)

Una plancha de masa quebrada (a mano) o con thermomix para cubrir el molde

Preparación:

Poner caramelo en el fondo del molde de aluminio (estaría guay hacer nuestro propio caramelo y esas cosas, pero somos vagas, no lo podemos remediar).

Pelar y cortar las manzanas en gajos grandes y acomodarlas “artísticamente” en el molde panza para abajo. O como mejor les parezca, intentando que no queden huecos entre un pedazo y otro. Espolvorear azúcar (a discreción… si las manzanas son reinetas hay que ser generosos con el azúcar, porque son bastante ácidas).

Cubrir el molde con la masa quebrada remetiendo un poco los bordes por dentro del molde, y pinchar con un tenedor. Colocar la tarta dentro de la olla.

Programar 2 horas en alto. No más. Incluso aunque la masa no parezca demasiado cocida (aunque lo esta; al contacto con el aire se endurece), porque entonces las manzanas se nos harán puré.  Dejarla dentro de la olla destapada hasta que sea posible sacarla sin quemarnos los dedos. Sacarla y dejarla enfriar en una rejilla.

Y, ¡muy importante! Si no se va a comer al instante, esperar hasta unos minutos antes para darle la vuelta, así evitamos que el líquido empape la masa.

Si por un casual queda demasiado ácida para su gusto (a nosotros nos va lo ácido), siempre está el recurso fácil de cubrirla de caramelo. Mmmmm.

Mmmmm. Mmmmm. Esta tarta no dura en casa nada de nada…

Tumba de zombie para Halloween

Quedan menos de tres días para Halloween y a mi dueña y a mí se  nos había ido el santo al cielo. El año pasado la señora de mi casa se curró una fiesta con cositas de comer con pinta monstruosa de por aquí y por allá, y fue la sensación, pero lamento decir que no fui requerida, ya que todo el mérito se lo llevaron el horno y la thermomix. Este año viene mi desquite, porque este bizocho-sepulcro da un poco de grimilla al verlo, pero luego todo mundo coincide en que está de muerte…

La receta es la del bizcocho de yogur de toda la vida, sustituyendo una parte de harina por una de cacao desgrasado en polvo porque, aunque ignoramos la razón, el bizcocho de chocolate hecho en la crockpot queda brillante, jugoso y poroso, y con un poco de imaginación parece tierra mojada para la tumba que queremos hacer.

Ingredientes:

3 huevos

2 medidas de azúcar

1 yogur natural sin azúcar (vale también alguno de soja, si hay intolerantes a la lactosa)

2 medidas de harina

1 medida de cacao desgrasado sin azúcar

1 medida de aceite (de girasol)

1 sobre de levadura química tipo Royal

Papel vegetal o de horno

Mantequilla para untar el molde

Piernas y brazos de muñeca (al gusto)

Gusanos de gominola

Una lápida de papel o de cartón, y un poco de gracia para escribir R.I.P., que a nosotras nos ha faltado.

4 palillos

Preparación:

Antes incluso de hacer la mezcla de los ingredientes para el bizcocho, hemos de disponer el molde, que debe ser uno de plumcake alargado que quepa en la olla (el estándar cabe perfectamente en la Kenwood). Se recorta un rectángulo de papel de horno que exceda el área de la base un poco y se coloca en el molde acomodándolo como Dios les dé a entender con la intención de que sea fácil desmoldarlo después. Se unta generosamente de mantequilla sobre el papel y en los lados del molde.

Se hace la mezcla del bizcocho y se pone en el molde. Se coloca el molde dentro de la olla y el primer palillo entre ésta y la tapa para que deje escapar un poco la humedad. Hay que programar 2 horas en alto y quizás un poquito más (15 minutos), pero sobre todo hay que dejar que sea el calor residual el que termine de cocer el centro del bizcocho, porque si lo dejamos más tiempo con esperanza de que quede bien hecho, las orillas se resecarán y quemarán (el momento de apagar la olla y dejarla destapada es cuando se meta un palillo -el segundo de la lista- en las orillas y salga limpio).

Una vez cocido y enfriado se desmolda. Los palillo tres y cuatro servirán para sujetar la lápida de papel al bizcocho (y si tienen una goma de borrar, no se olviden de usarla para que la lápida no quede tan cutre):

Se adorna con los brazos y piernas de la muñeca (las de la Barbie son ideales pero vale cualquiera) y algunos gusanillos de gominola. Le vendrían bien unos bichos variados de dulce o de plástico (arañas, escarabajos, tarántulas) pero la verdad es que no vale la pena esforzarse mucho, porque tampoco van a durar mucho sobre el bizcocho…

Manzana asada

A mi dueña no le gustan los dulces. Eso dice ella, pero luego no para de comer postres, que la he visto yo desde mi sitio en la cocina cuando cree que nadie más la ve. En su defensa he de decir que más que pasteles, merengues y natas le van las frutas con un toque ácido, por lo que siempre está maquinando nuevas formas de comerse una mermelada de frutos del bosque, un dulce de membrillo (¡con el mínimo de azúcar!) o una manzana asada.

Las manzanas más ricas para asar son las reineta, así de claro (con ese toque acidito delicioso) pero también hemos de decir que no aguantan tan bien el tipo dentro del horno como las golden. Como nos van los retos, mi dueña y yo hemos escogido 3 manzanas golden y 3 reineta para ver qué pasaba con ellas al calorcito de la olla.

Ingredientes:

6 manzanas (o las que quepan en la olla) de variedad reineta o golden.

2 cucharaditas de azúcar por manzana

1 cucharadita de mantequilla por manzana

1 cucharada de agua

Preparación:

Quitarles el corazón a las manzanas y en el hueco introducir el azúcar y la mantequilla. Pincharlas un poco con un tenedor para que no se rompa la piel al cocinarse. Echar en el fondo de la olla la cucharada de agua (no más, que sueltan mucho líquido) y colocar las manzanas de manera que quede espacio entre ellas.

Si son reineta: programar 1 hora y medio en alto y dejar reposar media hora más antes de manipularlas.

Si son golden: 3 horas en alto y dejar reposar media hora, como las otras.

Cuando ya estén tibias se les puede echar un poquito de mermelada en el hueco, o quizás algo del caramelo que queda al fondo de la olla… ¡deliciosas!

Mermelada de ciruela claudia

A la señora de mi casa, como a muchas mujeres de su generación, tan estudiadas, tan leídas ellas, tan chicas de mundo, le daba miedo hacer conservas. Sí, sí, miedo. De pronto alguna vecina hablaba de cómo ha había hecho una mermelada con la fruta que le había traído su suegra del pueblo y pensaba, “¡pero yo no puedo! ¿y tengo que estar dos horas removiendo? ¿y si se me quema? ¿y si se me hace mala? ¿y si me queda muy líquida? ¿y si la hago y luego no se quieren comer la del Mercadona?”

Pero a mi dueña se le iban los ojos con las mermeladas caseras. Mermeladas con menos azúcar que las comerciales, mermeladas de frutas no tan populares como las típicas fresa y melocotón, mermeladas sin tanto conservante artificial. Ah, querida mía, aquí está Léntula para cumplir tu sueño, le dije.  Que sepas que hago unas mermeladas de rechupete sin que tengas que darle a la cuchara, cuajaditas, con poca azúcar, naturales y sanas. Que si extremas las medidas higiénicas no hay que preocuparse porque se estropeen, especialmente porque están tan buenas que no te van a durar mucho en la despensa. Lamento informarte de que para tu última queja no hay solución, sí, ya no querrán las mermeladas industriales, lo siento, será mejor que lo asumas.

Ingredientes:

1 kilo de ciruelas claudias (o prunas, o rojas, o amarillas), en mitades, con piel pero sin semilla.

200-300 grs. de azúcar (he probado con ambas cantidades y cuaja perfectamente con ambas)

El zumo de un limón

Un palillo (sí, un palillo, es importante)

Preparación:

Poner todos los ingredientes en la olla. Programar 4 horas en bajo. Verán que las ciruelas parecen todavía enteras y que flotan en el almíbar. Es el momento de utilizar algún artilugio para machacarlas un poco (a mi dueña no le importa encontrarse trozos, pero si quieren una mermelada con textura más fina se puede usar el minipimer):

Aquí es donde viene el famoso palillo. Hay que colocarlo entre la tapa y la olla para que deje evaporar un poco y programar, también en bajo, 4 horas más.

Les puedo asegurar que con 8 horas en total y utilizando un kilo de ciruela la mermelada está lista con el mínimo esfuerzo y sin remover, incluso llevando tan poco azúcar. Si se quiere hacer más cantidad, o si la fruta es otra que no tenga tanta pectina de forma natural, tendrán que estar pendientes del tiempo, al que quizás deban agregar 2 o 3 horas para que adquiera la consistencia deseada.

Se puede envasar así mismo, en caliente y después someter a los botes a un proceso de esterilización que nos permita conservarlos durante mucho tiempo. De cualquier manera, para un kilo de ciruelas apenas salen dos tarros medianos, con lo que, en este caso, han ido de la de la olla al frasco, y de ahí a la nevera, en donde se espera se conserven sin esfuerzo por lo menos 10 días (pero en esta casa no se puede asegurar que duren mucho, la verdad).

Tenemos otras frutas en la lista y de momento, además de la ciruela claudia, hemos probado con pruna, ¡qué mermelada más deliciosa, se la comen a cucharadas! He aquí la prueba:

Desde luego, mi señora siempre dice que nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo, y lo que ella ha aprendido, según parece, es que no hay nadie que haga las mermeladas como yo….

Bizcocholla (Coca de llanda, pero en crockpot)

Aquí en la tierra de las flores, de la luz y del amor (Valencia, para los no iniciados) se prepara un bizcocho suavecito y esponjoso, o coca, que toma el nombre del molde de hojalata en el que se hornea, es decir, la llanda. Es ideal para mojar en chocolate, para acompañar un café o una infusión y entra con una facilidad pasmosa, primero un pedacito, luego otro porque está muy bueno, luego el último porque ya no puedo comer más, luego ¿para qué vamos a dejar esta esquinita? pues me la como también…

Mi dueña no tiene llanda. No por nada, que tampoco son tan caras, pero es que ya no caben más cacharros en la cocina. El otro día suspiraba por una coca que había comido en casa de unos amigos y se preguntaba si entre la thermomix y yo seríamos capaces de hacer el apaño. Y como mi dueña se pregunta, pero la que curro soy yo, al final hice la coca para que fuera ella la que la disfrutara. Qué buena que soy, no lo puedo evitar…

Ingredientes:

200 gr de azúcar (la receta original decía 300, pero nos parecía mucho)

La corteza de un limón (sólo la parte amarilla)

3 huevos

250 ml de leche

250 ml de aceite de girasol

400 gr de harina de reposteria

3 sobres de gaseosas dobles o 1 sobre de levadura y una cucharadita de bicarbonato

Mezcla de azúcar y canela para espolvorear

Mantequilla para untar la olla

Papel vegetal recortado al tamaño del fondo de la olla

Preparación:

Lo primero es preparar la olla. Al fondo un papel vegetal de la forma y con el tamaño del fondo (es muy cómodo hacer el primer y utilizarlo como molde para hacer otros, así siempre tenemos un papelito disponible) y luego mantequilla untada en las orillas.

La mezcla la hizo la thermomix, pero supongo que a mano no tendrá mayor complicación: líquidos por un lado, sólidos por el otro y luego incorporar unos a otros.

Poner el azúcar en el vaso y pulverizar 20 segundos ,velocidad progresiva 5-7. Añadir la piel del limón y hacer lo mismo.

Incorporar los huevos y programar 3 min, 37 grados,velocidad 5.

Añadir la leche y el aceite y mezclar 10 segundos, velocidad 5.

Agregar la harina y los sobres de gaseosa y mezclar 20 segundos velocidad 3. Terminar de mezclar con la espátula.

Verter la mezcla en la olla, espolvorear generosamente con azúcar y canela y programar 2 horas en alto. En caso de que no esté cocido del todo (sobre todo en el centro) apagar la olla y dejar que el calor residual termine de cocerlo.

Un consejo: para que el bizcocho no quede remojado con el vapor de la cocción, se puede poner un palillo bajo la tapa para que haya un huequecito por donde salga.

Esperar a que se enfríe antes de desmoldarlo. Las orillas quedarán crujientes y el resto blandito, y del olorcito a canela que llena toda la cocina mejor ni hablamos… ¡delicioso!

Yogur casero

De vez en cuando salen en el LIDL o en el ALDI ofertas de cacharros de cocina para hacer palomitas, gofres, helados, galletas y demás. A mi dueña se le van los ojos con la publicidad, porque aunque sabe que la mayoría del tiempo tendría todos los aparatos guardados en el armario haciendo bulto, se ilusiona pensando en todas las cosas ricas que puede preparar con ellos.

¡Pero alma de cántaro, parece que se te olvida que nos tienes a la thermomix y a mí, y que con eso tienes cubiertos todos los flancos! Es por eso que, en semanas como ésta, que acaba de salir la yogurtera famosa, tengo que ponerme seria y recordarle que yo lo puedo hacer también. Y sin esfuerzo. Y sin meter otro cacharro en la cocina, que ya estamos apretados los que estamos…

Ingredientes:

2 litros de leche

2 yogures naturales sin azúcar

Una toalla grande

Una jarra y un batidor de varillas manual (o una cuchara de palo, eh, que tampoco nos vamos a poner tan exigentes)

Preparación:

Poner la leche en la olla. Programar 3 horas en bajo. Apagar.

Dejar enfriar entre 2 y 4 horas (aunque la verdad el tiempo de espera es muy relativo, depende de la temperatura ambiental más que nada. En todo caso, y a ojímetro a falta de termómetro, si podemos meter un dedo en la leche y aguantar cinco segundos sin que nos queme, es que ya está lista).

Por cierto, un apunte. Mi dueña se preguntaba para qué narices había que calentar la leche si luego tocaba enfriarla. San Google nos ilustró explicándonos que es necesario que la leche se caliente lo suficiente para matar a las bacterias que pueda tener (a 85º)  y luego dejarla enfriar hasta 45º para poner el yogur y que sus bacterias con pedigrí puedan colonizarla a sus anchas. Mira, nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo.

Verter un yogur en la jarra. Poner una cantidad equivalente de leche caliente y remover con las varillas. Una vez que esté bien batido volcar el contenido de vuelta en la olla. Repetir el proceso con el segundo yogur. Remover bien la totalidad de la mezcla para evitar los grumos.

Tapar la olla. Envolverla con una toalla grande, o una manta de avión, o una batamanta de leopardo si es lo que tienen a mano. El caso es que la olla esté perfectamente aislada para que la leche permanezca a una temperatura constante durante las siguientes 8-10 horas y los bacterias puedan reproducirse en la intimidad (que igual si las estamos mirando se cortan un poco y el yogur no nos cuaja, ¿eh?)

Así nos sale seguro. No va a quedar con la consistencia de un yogur comercial, pero si lo queremos más denso siempre podemos utilizar un paño para escurrir el líquido sobrante, no tiene mayor complicación. Pero no creo que haga falta. Una vez listo podemos ponerlo en tuppers, o frascos individuales, endulzarlo con miel, ponerle mermeladas de sabores… cada uno a su gusto, y se conserva hasta 2 semanas (bueno, eso cuentan… en esta casa se acaba prácticamente en una sentada).  Si aún así les parece mucha cantidad, siempre pueden hacer la mitad de la receta, procurando que el tiempo de encendido de la olla sea más corto (2 horas en bajo, quizás), para que la leche no se pegue a las paredes o haga costra.

Ahora viene la confesión: tenemos la impresión la señora de la casa y yo que esta receta es a prueba de bombas. El otro día cuando la hicimos a mi dueña se fue la olla (jajajajaja) y puso la temperatura en alto, en lugar de bajo. Cuando se dio cuenta habían pasado ya 2 horas, y se empezaban a ver burbujitas en la leche. De perdidos al río, pensó, a ver qué sale. La dejó enfriar 5 horas en lugar de 2-4. Y cruzó los dedos. Y salió. En realidad, si algo hemos aprendido es que lo importante es que al momento de ponerle el yogur la leche no queme, porque mataría las bacterias. Bueno, y que hay que esconderle a mi dueña los catálogos del LIDL, porque no sé hacer palomitas. Ni gofres. Bah, ya se me ocurrirá algo para distraerla si se encapricha…