Arroz blanco

Andamos de capa caída en esta casa. Las gripes y las gastroenteritis se están cebando con las niñas y con mi dueña, y me tienen todo el tiempo haciendo calditos y sopitas. Poco espacio para la improvisación y la inventiva, me parece a mí. Y me preocupa que mis lectores crean que los abandono, yo que estoy al pie del cañón día tras día… ¡que una tiene sus fans!, no puedo descuidarlos…

Hoy no les traigo un plato de esos de impresionar, pero no deja de resultar útil por aquello de quitarme la mala fama de no saber arroces. Arroz blanco mondo y lirondo, pero también esponjosito y suelto sin tener que andarlo vigilando (mucho). Tampoco es que haya descubierto América: me atreví a hacerlo cuando leí que la autora de este blog lo había probado con éxito. Y oye, no está mal. Nada mal. Si alguien se estaba pensando comprar una arrocera, que se ahorre el dinero que conmigo basta y sobra. De hecho, me parece que mi dueña se ha decidido a que ese trabajo lo haga siempre yo de ahora en adelante, cansada de que se le olvide siempre lo que tiene en el fuego y acabe quemado.

Ingredientes:

1 taza de arroz vaporizado (no hemos probado con el normal; no garantizamos que salga bien).

2 tazas de agua

un poco de mantequilla para untar la base de cerámica

un poco de sal

Preparación

En la olla bien untada de mantequilla, poner el arroz, la sal y el agua. Programar 2 horas en alto (vigilar la última media hora por si acaso).

No vamos a ganar ningún concurso de cocina con esta receta, pero oye, resultón es un rato y con el mínimo esfuerzo.

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Tarta Tatin

Cuenta la leyenda que la tarta Tatin fue fruto de un error. Que querían hacer una cosa y les salió otra, bastante más buena. Mi dueña fantasea con la idea de equivocarse y triunfar en la cocina, por lo que no ceja en su empeño de hacer experimentos diversos en donde el jorobado de Frankenstein casi siempre soy yo.

Desde que la señora de esta casa descubrió la existencia de la tarta Tatin hace unos cuantos años no pierde la oportunidad de prepararla y de autoinvitarse a casa de otros amigos que también la hacen. La preparación es realmente sencilla y sus ingredientes promueven la glotonería casi libre de culpa: ¿le vamos a poner pega a las manzanas con un poquito de azúcar y un poquito de harina y un poquito (jeje) de mantequilla?

Y tanto fue el cántaro a la fuente hasta que le tocó a Léntula, debía estar pensando, porque un buen día me propuso hacer la tarta a pesar de 1) tener que recurrir a un molde ya que no era posible hacerla directamente en la olla de cerámica 2) no estar del todo segura cómo se comportaría la masa quebrada a tan baja temperatura.

Y bueno, señores, el resultado ha sido más que bueno. ¡Buenísimo! La masa de la tarta no queda tan dorada como en la versión al horno, pero eso no tiene que ser necesariamente una desventaja (a nosotras nos gusta así). ¿La única pega? Hay que comérsela toda de una sentada, porque al no evaporar la olla las manzanas sueltan tanto líquido que terminan empapando la masa, salvo que tomemos la precaución de drenarla una vez dada la vuelta.

Ingredientes:

5-6 manzanas reinetas (se pueden usar golden, o usar de ambos tipos)

Azúcar para espolvorear

Caramelo

Un molde de tarta que quepa en la olla (el de alumnio desechable del Mercadona cabe perfectamente en la Kenwood; no es que nos guste demasiado, pero no hemos encontrado uno de cerámica que quepa tan bien)

Una plancha de masa quebrada (a mano) o con thermomix para cubrir el molde

Preparación:

Poner caramelo en el fondo del molde de aluminio (estaría guay hacer nuestro propio caramelo y esas cosas, pero somos vagas, no lo podemos remediar).

Pelar y cortar las manzanas en gajos grandes y acomodarlas “artísticamente” en el molde panza para abajo. O como mejor les parezca, intentando que no queden huecos entre un pedazo y otro. Espolvorear azúcar (a discreción… si las manzanas son reinetas hay que ser generosos con el azúcar, porque son bastante ácidas).

Cubrir el molde con la masa quebrada remetiendo un poco los bordes por dentro del molde, y pinchar con un tenedor. Colocar la tarta dentro de la olla.

Programar 2 horas en alto. No más. Incluso aunque la masa no parezca demasiado cocida (aunque lo esta; al contacto con el aire se endurece), porque entonces las manzanas se nos harán puré.  Dejarla dentro de la olla destapada hasta que sea posible sacarla sin quemarnos los dedos. Sacarla y dejarla enfriar en una rejilla.

Y, ¡muy importante! Si no se va a comer al instante, esperar hasta unos minutos antes para darle la vuelta, así evitamos que el líquido empape la masa.

Si por un casual queda demasiado ácida para su gusto (a nosotros nos va lo ácido), siempre está el recurso fácil de cubrirla de caramelo. Mmmmm.

Mmmmm. Mmmmm. Esta tarta no dura en casa nada de nada…

Fabada asturiana y una versión lowcost

Pocas cosas apetecen más a mi dueña en el invierno que un plato calentito, espeso y sabroso de legumbres, sean estas lentejas, garbanzos o alubias. Hasta este momento a lo más que habíamos llegado con estas últimas era a hacerlas con chorizo y jamón, con resultados bastante satisfactorios, pero nos faltaba probar a hacer fabada auténtica, con sus fabes y su compango asturiano. No sé por qué se le había metido en la cabeza a la señora que la fabada era una cosa complicada, quizás el miedo a hacer una chapuza de un plato emblemático de la cocina española; lo cierto es que lo bueno de la ignorancia es que resulta más fácil ser humilde y preguntar a los que saben, y empezar de cero.

Y eso hicimos. Y dimos con la receta de la fabada del restarante Casa Chema, galardonado en 2011 con el premio “La mejor fabada del mundo”. Digo yo que ellos sabrán bastante. Y lo sorprendente es que resulta tan fácil que parece que hacemos trampa. Y fácil seguía pareciendo hasta que tras mucho peregrinar (no hay fabes en la mayoría de los supermercados) fuimos al Mercado Central y encontramos las fabes a ¡12 euros el kilo! Con todo el dolor de su corazón mi dueña se rascó el bolsillo y accedió a comprar medio kilo, por aquello de hacer la receta al pie de la letra. Y aunque el resultado fue soberbio, la señora de esta casa repitió el intento un par de semanas más tarde con unas humildes alubias blancas del Mercadona, y comprobó con bastante satisfacción que hacían bien el apaño a un precio asequible (además de estar más a mano para conseguirlas). Así que no nos resistimos a compartir con ustedes nuestras experiencias con la fabada asturiana y con su versión lowcost.

Versión uno: Fabada asturiana

Ingredientes:

1/2 kilo de fabes

Tocino, panceta, chorizo, morcilla a discreción

1 litro y medio de agua, tal vez 2 (más o menos que cubra un par de dedos por encima)

1 cucharadita pequeña de sal

2-3 cucharadas de pimentón dulce

Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Dejar las fabes en remojo con agua fría durante 10-12 horas. Lavarlas y colocarlas en el fondo de la olla. Poner encima de ellas el compango (a excepción de la morcilla, que deberá esperar a las últimas 2 horas para que no reviente), el agua, la sal, el pimentón y un chorretón de aceite de oliva virgen extra. Programar 6 horas en alto. Dejar resposar todo lo posible antes de comer, o dejarlas para el día siguiente, que estarán muchísimo más buenas.

Versión lowcost:

1/2 kilo de alubias blancas

Un paquete de compango asturiano (o dos, si quieren más chicha)

1 litro y medio, 2 litros si se quiere más caldosa

1 cucharadita pequeña de sal

2-3 cucharadas de pimentón dulce

Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

¿Quieren que además de lowcost sea una fabada express? (Me río yo de lo express en una olla de cocción lenta, pero…) Pues nos saltamos el remojo. Así, por nuestra linda cara. Al contrario de otras legumbres que si no las remojas no hay forma de que queden blandas, las alubias no presentan demasiada resistencia y se pueden echar tal cual a la olla. De hecho, en México se comen frijoles por un tubo y mi dueña nunca a conocido a nadie que los remoje antes de cocinarlos. Incluso ya ha habido quién se ha preocupado por averiguar cómo cambian los tiempos de cocción con las alubias remojadas y sin remojar; la conclusión es que la diferencia no es significativa.

Así que si quieren comer fabada espesita mañana, yo les propongo que hoy por la tarde (por decir a las 6 pm) pongan todo en la olla (morcilla incluida, que con menos tiempo no revienta), programen 4 horas en alto… y luego procedan a refrigerarla hasta mañana a la hora de comer. No suena muy express, todo sea dicho, pero para ser fabada y no tener que esperar al remojo tampoco está mal, sólo hay que ver la pinta:

Costillas con patatas

Hay cosas que en el horno no quedan mal. Que al fuego están resultonas. Que con la olla express tienen un pase. Pero para hacer costillas no hay nadie como yo… de ninguna otra manera quedarán tan ricas, tan suaves y con la carne desprendiéndose del hueso con tanta facilidad como cuando es la olla de cocción lenta quien cocina. Este es uno de esos platos para enamorarse de mí sin remedio, para recomendarme a los amigos, para caer rendidos a mis pies (o mejor dicho, a mis simpáticas patitas negras).

Ingredientes:
1 kilo de costillas de cerdo
1 lata de guisantes
1 pimiento verde y 1 rojo
1 cebolla pequeña en trocitos
2 patatas grandes troceadas con el característico chasquido de los guisos espesos
Sal, pimienta, aceite de oliva virgen extra
1 chorrito de caldo o agua (medio vaso como mucho, que luego suelta mucho líquido).

Preparación:
Poner todos los ingredientes en la olla. Programar 4 horas en alto. Comer, dejar que el juguito de las costillas nos escurra por las comisuras de la boca (un poquillo para dar efecto dramático, tampoco es cuestión de mancharnos la ropa) y hacer una nota mental para volver a preparar costillas lo antes posible.

Se pueden hacer variaciones sobre el tema, costillas con cebolla o puerro, costillas con brócoli o champiñones, da igual… pero siempre hechas por mí, con todo el mimo y el calorcillo que me caracterizan.

Tumba de zombie para Halloween

Quedan menos de tres días para Halloween y a mi dueña y a mí se  nos había ido el santo al cielo. El año pasado la señora de mi casa se curró una fiesta con cositas de comer con pinta monstruosa de por aquí y por allá, y fue la sensación, pero lamento decir que no fui requerida, ya que todo el mérito se lo llevaron el horno y la thermomix. Este año viene mi desquite, porque este bizocho-sepulcro da un poco de grimilla al verlo, pero luego todo mundo coincide en que está de muerte…

La receta es la del bizcocho de yogur de toda la vida, sustituyendo una parte de harina por una de cacao desgrasado en polvo porque, aunque ignoramos la razón, el bizcocho de chocolate hecho en la crockpot queda brillante, jugoso y poroso, y con un poco de imaginación parece tierra mojada para la tumba que queremos hacer.

Ingredientes:

3 huevos

2 medidas de azúcar

1 yogur natural sin azúcar (vale también alguno de soja, si hay intolerantes a la lactosa)

2 medidas de harina

1 medida de cacao desgrasado sin azúcar

1 medida de aceite (de girasol)

1 sobre de levadura química tipo Royal

Papel vegetal o de horno

Mantequilla para untar el molde

Piernas y brazos de muñeca (al gusto)

Gusanos de gominola

Una lápida de papel o de cartón, y un poco de gracia para escribir R.I.P., que a nosotras nos ha faltado.

4 palillos

Preparación:

Antes incluso de hacer la mezcla de los ingredientes para el bizcocho, hemos de disponer el molde, que debe ser uno de plumcake alargado que quepa en la olla (el estándar cabe perfectamente en la Kenwood). Se recorta un rectángulo de papel de horno que exceda el área de la base un poco y se coloca en el molde acomodándolo como Dios les dé a entender con la intención de que sea fácil desmoldarlo después. Se unta generosamente de mantequilla sobre el papel y en los lados del molde.

Se hace la mezcla del bizcocho y se pone en el molde. Se coloca el molde dentro de la olla y el primer palillo entre ésta y la tapa para que deje escapar un poco la humedad. Hay que programar 2 horas en alto y quizás un poquito más (15 minutos), pero sobre todo hay que dejar que sea el calor residual el que termine de cocer el centro del bizcocho, porque si lo dejamos más tiempo con esperanza de que quede bien hecho, las orillas se resecarán y quemarán (el momento de apagar la olla y dejarla destapada es cuando se meta un palillo -el segundo de la lista- en las orillas y salga limpio).

Una vez cocido y enfriado se desmolda. Los palillo tres y cuatro servirán para sujetar la lápida de papel al bizcocho (y si tienen una goma de borrar, no se olviden de usarla para que la lápida no quede tan cutre):

Se adorna con los brazos y piernas de la muñeca (las de la Barbie son ideales pero vale cualquiera) y algunos gusanillos de gominola. Le vendrían bien unos bichos variados de dulce o de plástico (arañas, escarabajos, tarántulas) pero la verdad es que no vale la pena esforzarse mucho, porque tampoco van a durar mucho sobre el bizcocho…

Manzana asada

A mi dueña no le gustan los dulces. Eso dice ella, pero luego no para de comer postres, que la he visto yo desde mi sitio en la cocina cuando cree que nadie más la ve. En su defensa he de decir que más que pasteles, merengues y natas le van las frutas con un toque ácido, por lo que siempre está maquinando nuevas formas de comerse una mermelada de frutos del bosque, un dulce de membrillo (¡con el mínimo de azúcar!) o una manzana asada.

Las manzanas más ricas para asar son las reineta, así de claro (con ese toque acidito delicioso) pero también hemos de decir que no aguantan tan bien el tipo dentro del horno como las golden. Como nos van los retos, mi dueña y yo hemos escogido 3 manzanas golden y 3 reineta para ver qué pasaba con ellas al calorcito de la olla.

Ingredientes:

6 manzanas (o las que quepan en la olla) de variedad reineta o golden.

2 cucharaditas de azúcar por manzana

1 cucharadita de mantequilla por manzana

1 cucharada de agua

Preparación:

Quitarles el corazón a las manzanas y en el hueco introducir el azúcar y la mantequilla. Pincharlas un poco con un tenedor para que no se rompa la piel al cocinarse. Echar en el fondo de la olla la cucharada de agua (no más, que sueltan mucho líquido) y colocar las manzanas de manera que quede espacio entre ellas.

Si son reineta: programar 1 hora y medio en alto y dejar reposar media hora más antes de manipularlas.

Si son golden: 3 horas en alto y dejar reposar media hora, como las otras.

Cuando ya estén tibias se les puede echar un poquito de mermelada en el hueco, o quizás algo del caramelo que queda al fondo de la olla… ¡deliciosas!

Cocido para vagos

A nadie le es ajeno el delicioso olor del cocido de la abuela, ese aroma que por sí sólo es capaz de traernos recuerdos de infancia felices y cálidos, que huele a inviernos familiares, a colegio, a domingos con los primos. Y para muchos, ese olor sigue ahí, porque, afrontémoslo, no todo mundo puede ir puesto por puesto en el mercado para conseguir las cosas que un cocido necesita, y, mucho menos, pasarse 2 o 3 horas vigilando para que no se nos queme.

Mi dueña sabe que no hay nadie que pueda hacer un puchero como yo, y por eso siempre me lo encomienda, pero a veces va con prisas y hace trampa para agilizar el proceso. Las grandes superficies se han inventado una bandeja que se llama “carne de cocido/puchero” y otra que se llama “verdura de cocido/puchero”, con lo que el tiempo de compra se reduce y dan más ganas de cocinar. Y para ser un cocido para vagos no está nada, nada mal…

Ingredientes:

1 bandeja de carne de cocido (y nosotras ponemos además algo más de pollo, un muslo o una pechuga, que normalmente viene escaso).

1 bandeja de verdura de cocido

Un puñado de garbanzos previamente remojados en agua caliente con dos puñados de sal durante 12 horas…. o garbanzos de bote ya cocidos y bien lavados, si aprieta la necesidad.

3 litros de agua

2 cucharaditas de sal

Preparación:

Poner en la olla la carne, la verdura pelada y troceada, los garbanzos, el agua (mejor mineral que de grifo, especialmente si viven en una zona con agua muy dura) y la sal (verán que el agua llega casi al borde la olla, pero como el agua no hierve, no hay peligro real de que se salga durante la cocción.

Programar 8-10 horas en alto si los garbanzos son secos (porque necesitan el agua bien caliente para cocerse bien), o entre 8-10 horas en bajo si son de bote (que a la carne le llega con temperatura baja, y los garbanzos que ya están cocidos no se deshacen). La variación del tiempo dependerá de qué tan espeso y concentrado quieran el caldo (una vez mi dueña lo dejó ¡13 horas! y el caldo salió con color agua de charca, y sorprendentemente DELICIOSO).

Mi dueña me deja preparada la noche anterior y con el temporizador puesto para encenderme a las 4 am… así se asegura de que sobre las 12-2 de la tarde del día siguiente esté listo para comer.  Delicioso, nutritivo y fácil. Las vagas también tenemos derecho a cocido, ¿o no?