Cordero al romero con champiñones y patatas baby

cordero crockpot1A la carrera vamos con los preparativos navideños. Mi dueña es la anfitriona absoluta de la familia y como todos los años anda de cabeza confeccionando el menú y organizándolo todo. Agobiadita la veo a la pobre, la verdad, pero ella se lo gana por ir de sobrada, que no sabe delegar. Bueno, no sabe delegar con otros, porque lo que es conmigo…

Este año el tradicional cordero lo hago yo. Porque sí. Porque me sale más bueno, punto. A algunos comensales les gusta al horno, así untadito en manteca y un vasito de vino blanco, más solito que la una, pero mi dueña no termina de encontrarle el gusto; a veces sale más seco que la mojama, porque para cuando se cuece una parte, otra se está quemando. Eso se acabó, señores, porque Léntula lo cocina todo todito de una vez, suave, tierno y jugoso y con guarnición incorporada.

Ingredientes:

1 paletilla de cordero (en Mercadona venden congelada una muy apañadita de precio, que viene precortada para poderla colocar sin dificultad en la olla, pero vale cualquiera).

2 cebollas cortadas en aros

1/4 kg. champiñones en láminas

1 bolsa de patatitas baby (también las venden en Mercadona, pero vale cualquier patata pequeñita y si no, pues patatas mondas y lirondas que también salen buenas).

Romero fresco (o seco), sal, pimienta, ajo picado, aceite de oliva, manteca de cerdo (opcional).

1 chorrito de vino blanco

Preparación:

En una sartén con un poco de manteca de cerdo (aunque puede ser aceite de oliva) dorar los trozos del cordero salpimentado por todos los lados, hasta que queden de un color tostado. Reservar.

Hacer una cama en la olla con la cebolla, los champiñones y las patatas, espolvorear con romero y sal. Verter el vino. Colocar el cordero sobre los vegetales y volver a espolvorear con romero, sal y ajo en trocitos.

cordero crockpot2

Programar 5 horas en alto.

Desde luego, a ver quién da más por menos: rico, lucidor, de fiesta, con mínimo esfuerzo y perfecto para adelantar trabajo, porque se puede hacer el día anterior y llevar al horno para calentar justo antes de servir en Nochebuena. Se puede intentar meter dos paletillas completas aunque sea un poco ajustadas (yo creo que caben, aunque con menos patatas; se deberá agregar 1 horita al tiempo de cocción), o hacer dos tandas en caso de familia grande -o comedora-, porque una paletilla de cordero de este tamaño da para 4 comensales con hambre o o como mucho 5 que se hayan empachado de canapés al llegar a la fiesta, no más. Dos paletillas ya nos hacen la cena completa.

cordero crockpot3Mucho me temo que esto no será suficiente para mi dueña, que amenaza con ponerme a preparar más platos navideños, así que manténganse a la espera, porque no tardaré en venir a la carga otra vez…

Cocido para vagos

A nadie le es ajeno el delicioso olor del cocido de la abuela, ese aroma que por sí sólo es capaz de traernos recuerdos de infancia felices y cálidos, que huele a inviernos familiares, a colegio, a domingos con los primos. Y para muchos, ese olor sigue ahí, porque, afrontémoslo, no todo mundo puede ir puesto por puesto en el mercado para conseguir las cosas que un cocido necesita, y, mucho menos, pasarse 2 o 3 horas vigilando para que no se nos queme.

Mi dueña sabe que no hay nadie que pueda hacer un puchero como yo, y por eso siempre me lo encomienda, pero a veces va con prisas y hace trampa para agilizar el proceso. Las grandes superficies se han inventado una bandeja que se llama “carne de cocido/puchero” y otra que se llama “verdura de cocido/puchero”, con lo que el tiempo de compra se reduce y dan más ganas de cocinar. Y para ser un cocido para vagos no está nada, nada mal…

Ingredientes:

1 bandeja de carne de cocido (y nosotras ponemos además algo más de pollo, un muslo o una pechuga, que normalmente viene escaso).

1 bandeja de verdura de cocido

Un puñado de garbanzos previamente remojados en agua caliente con dos puñados de sal durante 12 horas…. o garbanzos de bote ya cocidos y bien lavados, si aprieta la necesidad.

3 litros de agua

2 cucharaditas de sal

Preparación:

Poner en la olla la carne, la verdura pelada y troceada, los garbanzos, el agua (mejor mineral que de grifo, especialmente si viven en una zona con agua muy dura) y la sal (verán que el agua llega casi al borde la olla, pero como el agua no hierve, no hay peligro real de que se salga durante la cocción.

Programar 8-10 horas en alto si los garbanzos son secos (porque necesitan el agua bien caliente para cocerse bien), o entre 8-10 horas en bajo si son de bote (que a la carne le llega con temperatura baja, y los garbanzos que ya están cocidos no se deshacen). La variación del tiempo dependerá de qué tan espeso y concentrado quieran el caldo (una vez mi dueña lo dejó ¡13 horas! y el caldo salió con color agua de charca, y sorprendentemente DELICIOSO).

Mi dueña me deja preparada la noche anterior y con el temporizador puesto para encenderme a las 4 am… así se asegura de que sobre las 12-2 de la tarde del día siguiente esté listo para comer.  Delicioso, nutritivo y fácil. Las vagas también tenemos derecho a cocido, ¿o no?

Lengua a la jardinera

Aunque mucha gente huye de la casquería como si fuera el cobrador del frac, a mi dueña realmente no le dio tiempo a pensar en si la lengua de ternera le gustaba o no, porque cuando era niña era un ingrediente habitual en la mesa de sus padres. Los domingos por la mañana ahí estaba la lengua convertida en  barbacoa a la mexicana (en nada parecida a la americana, que necesita una parrilla) y alguna vez acompañada de verduras, en lo que su madre llamaba “a la veracruzana”.

Más de 30 años después va mi dueña y descubre en internet que la receta de la lengua a la veracruzana se parece más bien poco a la que hacía su madre, ¿y ahora qué hacemos? Pues si hay que cambiar de nombre, se le cambia, y se le pone alguno más florido, pero lo que sí sería un crimen es no compartirla con el mundo. Porque de Veracruz o de Campeche, de Zamora o de Valencia, esta carne tierna y jugosa, acompañada de verduras y con un toque fresco de cilantro es una delicia que todos deberíamos probar alguna vez en la vida.

Ingredientes:

Para cocer la lengua

1 lengua de ternera

4 dientes de ajo

10 hojas de laurel

1/2 cebolla

2 cucharaditas de sal

Para hacer el guiso:

1 lata pequeña de tomate triturado o 2 tomates en cuadritos

1 lata pequeña de guisantes

1 cebolla en aros

1 pimiento verde

1 pimiento rojo

2 patatas medianas en trozos no muy grandes

4 o 5 ramitas de cilantro

Un poco de caldo de la cocción de la lengua

Aceite de oliva y sal

Preparación:

La lengua requiere una cocción prolongada, por lo que debe cocinarse antes de hacer el guiso. Se cuece la lengua con los condimentos indicados en abundante agua (que la cubra) durante 6 horas en alto (si la lengua pesa menos de kilo y medio quizás se puede reducir algo el tiempo).

Se deja enfriar, se le quita la piel rugosa que la cubre y se hacen tajadas no muy finas. Se reserva.

En la olla, se pone en el fondo el tomate, luego las patatas y a continuación las tajadas de lengua -procurando que no toquen directamente la olla de cerámica, pues ya están cocinadas y se pueden tostar- y el resto de las verduras.

Se puede agregar un chorrito del caldo de cocción de la lengua (a nosotros nos gusta más seco, pero con más líquido se saca más salsa para mojar). Espolvorear con sal y agregar un chorrito de aceite de oliva.

Se programan 3 horas en alto. En algún momento dentro de esas tres horas sería una buena idea remover levemente el contenido para que la lengua pueda integrarse en el guiso e impregnarse de todos los sabores. No probarán una carne más suave que ésta, se los puedo asegurar…

Conejo al vino blanco

Hace ya algunos años, en plenas fiestas navideñas, a alguna lumbrera en el gobierno se le ocurrió sugerir que, dadas las circunstancias económicas del país, (¡qué tiempos aquellos!) debíamos sustituir el tradicional cordero al horno por conejo de granja, más sano, más versátil y, sobre todo, más barato. A saber si alguien le hizo caso; en esta familia no, desde luego, y el cordero me tocó a mí prepararlo, como siempre. Pero honor a quien honor merece, el conejo también está muy bueno y quién sabe si estas Navidades agradeceremos tener una buena receta a mano…

Ingredientes:

1 conejo grande (calcular 1/4, 1/3 de conejo por comensal, que tiene muchos huesecillos)

1 cebolla picada

1 pimiento verde grande picado

Harina, sal, pimienta, aceite de oliva

Un chorrito de vino blanco (1/4 de vaso)

Preparación:

Salpimentar el conejo en trozos y pasar por harina. Freír en una sartén sólo para darle algo de color. Colocar los trozos en la olla de cerámica.

En el mismo aceite, rehogar la cebolla primero y cuando esté transparente, el pimiento. No mucho, lo justo para que suelte un poco de agua. Agregar un poco de harina a la mezcla de verdura para espesarla. Verterla en la olla sobre el conejo, junto con un chorro de vino blanco.

Programar 3 horas en alto. Dejar reposar media hora para que espese la salsa un poco más.

Si creen que es demasiado sencillo y les parece una receta aburrida, la pueden tunear con verduras o frutos secos, por ejemplo, pero teniendo presente que en algún momento tendrán que retirar algo de líquido para que espese bien la salsa.

Lentejas tres delicias

En esta casa, y por tradición mexicana, los reyes de las legumbres son los frijoles (alubias pintas), que se comen con alegría y sin limitaciones como acompañamiento de carnes o huevos. Los garbanzos y las lentejas se lo tienen que currar un poco más, por su escaso éxito popular entre algunos de los miembros más jóvenes de la familia.

Las lentejas han sido objeto de amores y odios encontrados en estos años que llevo preparándolas; concretamente, la hija mediana a los dos años quería lentejas para desayunar, comer, merendar y cenar, si  era posible, mientras que el resto de la familia -mi dueña incluida- empezaba a darle vueltas a la cuchara sin demasiadas ganas de comer. Un día las lentejas cogieron el camino del exilio, demasiado sosas para gustar a todos, demasiado simples para provocar entusiasmo, y así estuvimos casi un año, rindiéndole homenaje legumbril a los frijoles en exclusiva.

Pero un día la hija mayor, la que ODIABA las lentejas, se metó un platazo entre pecho y espalda en casa de unos amigos de mi dueña, para sorpresa del público en general. Mi señora, rauda y veloz, corrió a pedir la receta y desde entonces, en esta casa las lentejas vuelven a ser bienvenidas.

¿El secreto? La chicha, señores, las delicias que las acompañan para que no sientan viudas, concretamente, tres: chorizo, espinazo y manita de cerdo, que de este modo las transforman un plato único, reconfortante y sabroso que gusta a grandes y pequeños por igual.

 

Ingredientes:

1/2 kilo de lentejas pardinas (que sean buenas; yo uso La Asturiana porque son las únicas que me quedan enteritas, pero seguro que hay otras que también aguanten la cocción prolongada)

1 zanahoria en rodajas

1 manita de cerdo

1 hueso de espinazo con algo de carne

100 grs. de chorizo en rodajas

2 hojas de laurel

4 clavos de olor

2 dientes de ajo

2 cucharaditas de sal

2 litros de agua (aquí en casa gustan más bien espesitas, pero se puede poner 1/2 litro más para que queden caldosas. En todo caso siempre se puede añadir un poco de agua con sal después de la cocción si vemos que se nos han quedado secas).

Sofrito:

Aceite de oliva virgen extra

1/2 cebolla en cuadritos

2-3 tomates rallados

Preparación:

Hacer el sofrito en una sartén con los ingredientes mencionados. No es necesario que se cueza mucho, es sólo para que la cebolla y el tomate queden pochados y no cocidos con el resto de los ingredientes.

Poner en la olla todo lo que resta y al final volcar el sofrito. Mi dueña suele hacerlo mientras prepara la cena del día anterior y me deja lista y preparada con el programador para que me encienda de madrugada.

Programar 4 horas en bajo y 4 horas en alto, o 6 en alto. En realidad todas estas horas son necesarias para que se cueza bien la manita de cerdo (y de ahí que sea tan importante la calidad de las lentejas, para que puedan seguir cocinándose sin hacerse puré) así que las lentejas solitarias, viudas o emancipadas requerirán menos tiempo, por decir 4 horas en alto, pero todo es probar.

Los tropezones no dan para hartarse, así que siguen siendo una alternativa sana si se comen como plato único acompañados de ensalada. Y el sabor… el sabor es auténtico y tradicional, de esos que recuerdan a la abuela y a la infancia y a los buenos tiempos.

Las prueban y me cuentan qué tal…

Lomo a la cerveza

Mi dueña y yo andamos rescatando viejas recetas. Una de ellas es la del lomo a la cerveza, que hacía años que no poníamos para comer. Y la verdad, ninguna de las dos se lo explica, porque es fácil, rápida y con mucho sabor. Y aunque es cerdo, tiene muy poca grasa, con lo que no tenemos excusa por el tema de la salud. Quizás la pereza de pasar las verduras por la batidora para hacer la salsa… pero claro, ahora ya no nos pasará, que tenemos a la thermomix para que nos eche una mano (pero que guarde sus distancias, que la estrella sigo siendo yo….)

Ingredientes:

Un trozo de cinta de lomo

Un chorrito de cerveza (dos dedos, no hace falta más)

Un par de manzanas a rodajas

Una cebolla a cuartos

Un par de zanahorias en trozos

Sal y pimienta

Nata para espesar la salsa (opcional)

Preparación:

Sellar el trozo de lomo en la sartén, salpimentado, hasta que quede dorado por todos lados.

Colocar la verdura en el fondo de la olla y encima el lomo, regándolo después con la cerveza.

Programar 4 horas en alto.

Una vez cocinado, triturar la verdura con un chorrito de nata para hacer la salsa. Salpimentar si es necesario.

Nota: hay que esperar un rato a que la carne se enfríe para cortarla, porque queda tan blandita que se destroza. Con un poco de reposo es más fácil hacer las tajadas.

Secreto de cerdo con espárragos trigueros

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero en esta casa hasta hace muy poco no habíamos tenido noticia del secreto de cerdo. No, no me refiero a un cotilleo vergonzante del pobre puerquito, sino a esa pieza de carne que se localiza entre la paletilla y la panceta, y que ahí habría seguido durmiendo la paz de los gorrinos si a los cocineros fashion no les hubiera dado últimamente por ensalzar sus virtudes.

Por un lado bien, porque la verdad es que el secreto es una delicia, con su carne entreverada de grasa que la hace tan jugosa y tan tierna. Pero por otro lado me temo que pasará como con la casquería, que hace muy poco costaba baratísima (nadie la quería) y ahora empieza a cotizarse como si fuera carne de primera. De momento, en Mercadona tienen secreto -y secreto ibérico- a precios todavía accesibles, así que hay que aprovechar.

Ingredientes:

2 piezas de secreto o secreto ibérico (para 4 personas con hambre, si se sirve con guarnición)

Un par de manojos de espárragos trigueros, sólo la parte tierna

Un buen puñado de champiñones cortados en láminas

1 patata grande pelada y cortada en trozos gruesos

Sal, pimienta, harina para rebozar, aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Se salpimentan los secretos, se pasan por harina y se sellan en una sartén, vuelta y vuelta ( o más doraditos, al gusto).

Se colocan en el fondo de la olla los champiñones, luego las patatas y los espárragos y al final los secretos.

Se cocinan 3 horas en alto.

¿Que no hay espárragos, o patatas, o champiñones ? Pues pimientos, o berenjenas o cebollas. Da igual. El sabor de la carne es espectacular y se lleva bien con cualquier verdura de temporada. Se deja acompañar por arroz blanco, o cuscús, o para los más delicados paladares mexicanos, por unos frijoles refritos con sus totopos de rigor.

¿Les cuento un secreto?  Mi dueña y su santo no dejaron de alabar la textura y la jugosidad de este plato, así que a partir de ahora queda oficialmente inscrito como favorito en el menú de esta casa.