Tarta Tatin

Cuenta la leyenda que la tarta Tatin fue fruto de un error. Que querían hacer una cosa y les salió otra, bastante más buena. Mi dueña fantasea con la idea de equivocarse y triunfar en la cocina, por lo que no ceja en su empeño de hacer experimentos diversos en donde el jorobado de Frankenstein casi siempre soy yo.

Desde que la señora de esta casa descubrió la existencia de la tarta Tatin hace unos cuantos años no pierde la oportunidad de prepararla y de autoinvitarse a casa de otros amigos que también la hacen. La preparación es realmente sencilla y sus ingredientes promueven la glotonería casi libre de culpa: ¿le vamos a poner pega a las manzanas con un poquito de azúcar y un poquito de harina y un poquito (jeje) de mantequilla?

Y tanto fue el cántaro a la fuente hasta que le tocó a Léntula, debía estar pensando, porque un buen día me propuso hacer la tarta a pesar de 1) tener que recurrir a un molde ya que no era posible hacerla directamente en la olla de cerámica 2) no estar del todo segura cómo se comportaría la masa quebrada a tan baja temperatura.

Y bueno, señores, el resultado ha sido más que bueno. ¡Buenísimo! La masa de la tarta no queda tan dorada como en la versión al horno, pero eso no tiene que ser necesariamente una desventaja (a nosotras nos gusta así). ¿La única pega? Hay que comérsela toda de una sentada, porque al no evaporar la olla las manzanas sueltan tanto líquido que terminan empapando la masa, salvo que tomemos la precaución de drenarla una vez dada la vuelta.

Ingredientes:

5-6 manzanas reinetas (se pueden usar golden, o usar de ambos tipos)

Azúcar para espolvorear

Caramelo

Un molde de tarta que quepa en la olla (el de alumnio desechable del Mercadona cabe perfectamente en la Kenwood; no es que nos guste demasiado, pero no hemos encontrado uno de cerámica que quepa tan bien)

Una plancha de masa quebrada (a mano) o con thermomix para cubrir el molde

Preparación:

Poner caramelo en el fondo del molde de aluminio (estaría guay hacer nuestro propio caramelo y esas cosas, pero somos vagas, no lo podemos remediar).

Pelar y cortar las manzanas en gajos grandes y acomodarlas “artísticamente” en el molde panza para abajo. O como mejor les parezca, intentando que no queden huecos entre un pedazo y otro. Espolvorear azúcar (a discreción… si las manzanas son reinetas hay que ser generosos con el azúcar, porque son bastante ácidas).

Cubrir el molde con la masa quebrada remetiendo un poco los bordes por dentro del molde, y pinchar con un tenedor. Colocar la tarta dentro de la olla.

Programar 2 horas en alto. No más. Incluso aunque la masa no parezca demasiado cocida (aunque lo esta; al contacto con el aire se endurece), porque entonces las manzanas se nos harán puré.  Dejarla dentro de la olla destapada hasta que sea posible sacarla sin quemarnos los dedos. Sacarla y dejarla enfriar en una rejilla.

Y, ¡muy importante! Si no se va a comer al instante, esperar hasta unos minutos antes para darle la vuelta, así evitamos que el líquido empape la masa.

Si por un casual queda demasiado ácida para su gusto (a nosotros nos va lo ácido), siempre está el recurso fácil de cubrirla de caramelo. Mmmmm.

Mmmmm. Mmmmm. Esta tarta no dura en casa nada de nada…

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