Yogur casero

De vez en cuando salen en el LIDL o en el ALDI ofertas de cacharros de cocina para hacer palomitas, gofres, helados, galletas y demás. A mi dueña se le van los ojos con la publicidad, porque aunque sabe que la mayoría del tiempo tendría todos los aparatos guardados en el armario haciendo bulto, se ilusiona pensando en todas las cosas ricas que puede preparar con ellos.

¡Pero alma de cántaro, parece que se te olvida que nos tienes a la thermomix y a mí, y que con eso tienes cubiertos todos los flancos! Es por eso que, en semanas como ésta, que acaba de salir la yogurtera famosa, tengo que ponerme seria y recordarle que yo lo puedo hacer también. Y sin esfuerzo. Y sin meter otro cacharro en la cocina, que ya estamos apretados los que estamos…

Ingredientes:

2 litros de leche

2 yogures naturales sin azúcar

Una toalla grande

Una jarra y un batidor de varillas manual (o una cuchara de palo, eh, que tampoco nos vamos a poner tan exigentes)

Preparación:

Poner la leche en la olla. Programar 3 horas en bajo. Apagar.

Dejar enfriar entre 2 y 4 horas (aunque la verdad el tiempo de espera es muy relativo, depende de la temperatura ambiental más que nada. En todo caso, y a ojímetro a falta de termómetro, si podemos meter un dedo en la leche y aguantar cinco segundos sin que nos queme, es que ya está lista).

Por cierto, un apunte. Mi dueña se preguntaba para qué narices había que calentar la leche si luego tocaba enfriarla. San Google nos ilustró explicándonos que es necesario que la leche se caliente lo suficiente para matar a las bacterias que pueda tener (a 85º)  y luego dejarla enfriar hasta 45º para poner el yogur y que sus bacterias con pedigrí puedan colonizarla a sus anchas. Mira, nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo.

Verter un yogur en la jarra. Poner una cantidad equivalente de leche caliente y remover con las varillas. Una vez que esté bien batido volcar el contenido de vuelta en la olla. Repetir el proceso con el segundo yogur. Remover bien la totalidad de la mezcla para evitar los grumos.

Tapar la olla. Envolverla con una toalla grande, o una manta de avión, o una batamanta de leopardo si es lo que tienen a mano. El caso es que la olla esté perfectamente aislada para que la leche permanezca a una temperatura constante durante las siguientes 8-10 horas y los bacterias puedan reproducirse en la intimidad (que igual si las estamos mirando se cortan un poco y el yogur no nos cuaja, ¿eh?)

Así nos sale seguro. No va a quedar con la consistencia de un yogur comercial, pero si lo queremos más denso siempre podemos utilizar un paño para escurrir el líquido sobrante, no tiene mayor complicación. Pero no creo que haga falta. Una vez listo podemos ponerlo en tuppers, o frascos individuales, endulzarlo con miel, ponerle mermeladas de sabores… cada uno a su gusto, y se conserva hasta 2 semanas (bueno, eso cuentan… en esta casa se acaba prácticamente en una sentada).  Si aún así les parece mucha cantidad, siempre pueden hacer la mitad de la receta, procurando que el tiempo de encendido de la olla sea más corto (2 horas en bajo, quizás), para que la leche no se pegue a las paredes o haga costra.

Ahora viene la confesión: tenemos la impresión la señora de la casa y yo que esta receta es a prueba de bombas. El otro día cuando la hicimos a mi dueña se fue la olla (jajajajaja) y puso la temperatura en alto, en lugar de bajo. Cuando se dio cuenta habían pasado ya 2 horas, y se empezaban a ver burbujitas en la leche. De perdidos al río, pensó, a ver qué sale. La dejó enfriar 5 horas en lugar de 2-4. Y cruzó los dedos. Y salió. En realidad, si algo hemos aprendido es que lo importante es que al momento de ponerle el yogur la leche no queme, porque mataría las bacterias. Bueno, y que hay que esconderle a mi dueña los catálogos del LIDL, porque no sé hacer palomitas. Ni gofres. Bah, ya se me ocurrirá algo para distraerla si se encapricha…

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Solomillo de cerdo con pimientos y champiñones

Sencillo, rápido y jugoso.  Eso es lo que piensa mi dueña cada vez que hacemos solomillo de cerdo, con distintas verduras y guarniciones. Una carne que, a pesar de ser de cerdo, tiene poca grasa y cuyo sabor se potencia a fuego lento como en el que yo lo acuno unas cuantas horas…

Ingredientes:

Un solomillo de cerdo (2/3 personas)

Verduras variadas (pimientos, champiñones, cebolla, puerros, berenjenas, tomates)

Aceite de oliva virgen extra, harina, sal, pimienta y especias a discreción

Preparación:

Se condimenta el solomillo y se pasa por harina. Se sella en una sartén para que adquiera un apetitoso color dorado.

Se coloca una capa de verduras en el fondo de la olla y sobre ésta se coloca el solomillo.

Se programan 3 horas en alto. ¡Un gran plato con el minimo esfuerzo!

Minimadalenas de chocolate

Los grandes descubrimientos se hacen por accidente. Y los que no, por curiosidad. Mi dueña se ha empeñado en sacarme partido de todas las maneras posibles, y como de momento no ha logrado que haga de canguro, o ponerme a barrer la casa (¡más quisiera ella!), no pierde la oportunidad de hacerme trabajar con recetas teóricamente probadas y perfeccionadas para ver qué pasa con la olla. Y pasa lo que pasa, que a veces el experimento sale bien, y de qué manera…

Las madalenas de chocolate son un vicio cuando salen buenas. La señora de casa había probado recetas y más recetas con resultados dispares: a veces muy densas, otras veces no subían lo suficiente, a veces quedaban duras, a veces muy aceitosas. Y tras mucho peregrinar había dado con LA receta, que desde entonces se había convertido en un clásico al cual recurrir siempre que se tuviera el antojo de algo dulce, suave y chocolatoso.

Y todos vivíamos felices. A las niñas les gustaban, a los señores les gustaban, a los amigos de los señores y las niñas les gustaban. Y eran perfectas. Si tenían un defecto, era que una vez hechas había que comérselas todas. Todas. Y mi dueña se tenía que sacrificar (¿?) y comérselas a regañadientes (entre suspiro y suspiro de satisfacción).  Hasta que las hice yo, y todo cambió, porque ahora la familia entera puede darse un caprichito en su justa medida, sin encender el horno y sin arriesgarse a que las madalenas se quemen o queden secas.

Este es un libre contra tortuga de libro. Esta semana las hicimos dos veces, la primera mi dueña repartió la mezcla en dos partes para que el horno y yo pudiéramos competir. Y éste fue el resultado:

La foto no les hace justicia. Las mías son las de la izquierda. Las del horno, a la derecha, salieron tan buenas como siempre. Las mías… las mías tenían un increíble color negro satinado como el de los postres de las revistas de cocina. Y la consistencia era la de una nube de algodón: tiernas, suaves, jugosas… superaron lo que creíamos insuperable.

Envalentonadas, la segunda vez sólo hicimos la mitad de la receta, para que toda la tanda cupiera cómodamente en mi interior gracias a este artilugio:

Es una estructura metálica que suele venir con los hornos microondas para la función de grill (esa que NUNCA usamos), y que viene muy a mano cuando queremos hacer un segundo nivel en la olla. Idealmente, una rejilla para la crockpot debería tener más enrejado para poder aprovechar toda la superficie, pero hasta que podamos agenciarnos algo más adecuado, esta estructura -que llevaba estorbando ni se sabe cuánto tiempo en la cocina- nos hace el apaño.

Tengo que impresión de que básicamente cualquier receta de madalenas tendría resultados espectaculares con la cocción lenta, pero aquí les dejo la receta que hemos probado nosotras.

Ingredientes:

85 ml. de leche entera

85 gr. de azúcar

75 gr. de mantequilla derretida en microondas (pero no caliente)

1 huevo

140 gr. de harina

15 gr. de cacao en polvo

1/2 cucharadita de bicarbonato sódico

1/2 cucharadita de levadura química

Gotitas de chocolate (les diría que son opcionales, pero en esta casa son obligatorias).

Preparación:

La receta original era de thermomix, pero se puede hacer a mano sin problemas.

En un cuenco mezclar el azúcar con la mantequilla y batir para hacer una mezcla homogénea. Agregar la leche y luego el huevo y batir.

Tamizar la harina, el cacao, el bicarbonato y la levadura, y agregar el resultado al cuenco de los líquidos. Incorporar con movimientos envolventes, sin remover mucho. Una vez en los moldes, poner un puñadito de gotitas de chocolate en cada madalena.

Hemos descubiertos que los moldecitos de flan de papel alumnio que venden en el Mercadona son ideales para esta receta. Se les pone un papelito y se rellenan 12 (justo los que vienen en el paquete). Se colocan 8 en la base de la olla y 4 más en la rejilla metálica:

Programar 1 hora en alto (pinchar con un palillo para asegurarse de que están cocidas). Esperar a que se enfríen un poco para sacar y desmoldar.

¡A disfrutar!

Lasaña de pollo y verduras

¡Qué gran invento la lasaña! Placas de pasta y cualquier ingrediente, verdura, carne, pescado o marisco, y una salsa bechamel para coronar la creación. Suena delicioso (y práctico, ya que es plato único) pero -y ahí viene el pero- es trabajosa de narices. Sofreir por aquí, freir por aca, remojar placas, hacer bechamel, montar niveles, gratinar al horno. Y la mayoría de las veces se nos quitan las ganas…

Mi dueña ha pensando en mí inmediatamente. “¿Y si la hace Léntula? Seguro que me ahorra buena parte de la faena”. Y yo, que no tengo mucha potencia pero sí la tenacidad de una hormiguita me puse manos a la obra y éste es el resultado.

Ingredientes:

1/2 kilo de carne de pollo (o ternera, o cerdo, o lo que quieran)

1 bote de tomate frito pequeño

1/4 cebolla en cuadritos

750ml-1 litro de bechamel (casera o de brick)

12-15 placas de lasaña precocida

Verdura variada: 1 calabacín, 1 berenjena, 100 grs. de champiñones, 100 gramos de pimiento rojo y verde, todo en crudo y en rodajas (en el caso de la berenjena, acuérdense de salarla y dejarla escurriendo para que pierda el amargor)

Queso rallado de cualquier tipo

Sal, pimienta, orégano, albahaca, aceite de oliva

Preparación:

Se sofríe en una sartén con aceite de oliva la cebolla y la carne picada de pollo. Agregar el tomate frito, sal, orégano y albahaca y cocinar a fuego lento unos minutos, para que reduzca un poco el líquido. (Nota: mi dueña es una cobarde, porque se le pasó por la cabeza poner todo en crudo -carne y tomate- para ahorrarse este paso, pero no se atrevió. Quién sabe, a lo mejor por ahí hay algún pionero que se lance y nos cuente su experiencia).

Untar el interior de la olla con mantequilla (¡con cuidado, que hace cosquillas!) y colocar una primera capa de placas de lasaña en crudo y sin remojo, como Dios les dé a entender: algunas enteras y otras en trocitos, procurando que quede cubierta la mayor superficie posible. Sí, ya sé que en la mayoría de recetas de lasaña para horno se recomienda poner la salsa o la bechamel en el fondo de la fuente para que no se pegue, pero conmigo no se pega (hay suficiente líquido disponible) y al momento de servir, se agradece que haya una capa de pasta al final para que el conjunto tenga mayor estabilidad.

Poner encima de las placas la mitad de la salsa con carne que tenemos preparada. Y verter la tercera parte de la bechamel también. Y luego poner placas de nuevo, y encima las verduras espolvoreadas de sal y pimienta, y cualquier especia que les guste además de un chorrito de aceite de oliva. Y luego carne. Y luego bechamel. Y luego verduras. O carne. O lo que quieran. En realidad, la única regla es: que las placas estén en contacto con algo que vaya a soltar líquido (salsa, verduras o bechamel) y que la última capa sea de bechamel y queso.

Programar 2 horas y media en alto y dejar reposar 1/2 hora (como mínimo).

El reposo es muy importante en este plato. Si metemos la cuchara a las 2 horas y media justas vamos a terminar comiendo picadillo de lasaña (que no digo yo que no esté bueno, eh, que en esta casa hubo quien no pudo esperar y se comió la lasaña desestructurada, y tan feliz). Con media horita de reposo la lasaña adquiere la consistencia adecuada para cortarla en porciones con ciertas garantías.

La pregunta del millón: ¿pero el queso se gratina? Pues no, señores, no, yo no gratino. Qué pasa, todos tenemos nuestros defectos. Pero el quesito se derrite. Y las verduras quedan tiernas y jugosas. Y la carne suave. Yo les digo que no les hará falta, pero siempre pueden cortar la lasaña en porciones y darle un toque en el horno, si son tan exigentes. Pero no será necesario, no, me juego el pomo de mi tapa a que el que la pruebe, repetirá. Y sin gratinar.

Albóndigas en salsa

Ay, las albóndigas. O las odias, o las amas. Aquí en casa tenemos abanderados de las dos causas, por lo que, aunque algunos se quejen, hay que hacerlas de vez en cuando porque son baratas, prácticas y muy resultonas. Mi dueña ha estado experimentando con las albóndigas durante más de 2 años para lograr hacerlas como su suegra, y variando ingredientes, tiempos de cocción y proporciones de líquido poco a poco nos vamos acercando a la meta. Y con muchísimo menos esfuerzo del imaginado.

Ingredientes:

1 kilo de carne picada (puede ser medio de ternera, medio de cerdo)

100 grs. beicon en trocitos (opcional, depende si las queremos con más grasa)

2 huevos

Miga de pan remojada en leche y escurrida (a ojo, con la miga de media barra creo que sobra)

Pan rallado

Sal, pimienta, perejil, ajo

Para la salsa:

250 ml de agua

1/2 pastilla de carne o similar

1/2 cebolla en cuadritos

Harina o maizena

Aceite de oliva

Preparación:

Mezclar todos los ingredientes de las albóndigas y hacer bolitas como pelotas de golf. (o de tenis, si eres tan vaga como nosotras…) que sean blanditas, firmes lo justo para que no se deshagan al colocarlas. La gracia es que quepan todas en el fondo de la olla sin montarse demasiado y sin estar pegadas a las paredes, para que no se resequen. Este paso se puede hacer la noche previa para ahorrar tiempo. Al principio de nuestros experimentos la señora de la casa se tomaba la molestia de pasarlas por harina y freírlas un poco, pero hemos descubierto que es mejor ponerlas tal cual en la olla porque quedan más tiernas.

En una sartén calentar el aceite y pochar la cebolla. Una vez que se ponga transparente, agregar la media pastilla de carne y el agua, así como un par de cucharaditas de maicena para espesar la salsa, 3 o 4 minutos. Verter la salsa sobre las albóndigas y programar 3 horas en alto.

Un apunte: cada uno puede poner la salsa que más les guste, para gustos colores. Lo importante es que el líquido no sea más de 1/4 de litro, porque hay que considerar que la carne también suelta agua, y como las crockpot no evaporamos, se arriesgan a encontrarse sopa de albóndigas si se pasan con las cantidades. De hecho, a mi dueña le sigue pasando porque “no se fía”, como se puede apreciar en la foto… tuvo que sacar un vaso de líquido a media cocción para que la salsa pudiera espesar correctamente… De cualquier forma como somos tan lentas, siempre se puede intervenir a mitad del proceso para corregir las metidas de pata… es que somos tan buenas…

Pimientos rellenos de carne y arroz

Andamos perezosas en la cocina estos días mi dueña y yo. Con el calor y la languidez estival sólo nos tientan las cosas fáciles y sin mucha complicación… y si son plato único, mejor. Hace días andaban rondando por la nevera unos hermosos pimientos rojos que amenazaban con estropearse sin remedio. Y dije, Léntula, no se puede tirar comida, ni malgastar esfuerzos. Y éste es el resultado.

Ingredientes

6-8 pimientos rojos (los que quepan en la olla) vaciados de semillas y cortados como si tuvieran un gracioso sombrero con rabito

Medio kilo de carne picada (ternera, pollo, cerdo, da igual). También puede ser atún.

2 vasos de arroz (yo he hecho unos con arroz vaporizado y otros con arroz normal, porque quería experimentar. Quedan bien ambos).

4-6 cucharadas de tomate frito, al gusto

Sal y pimienta

Preparación:

En un cuenco se mezcla la carne picada salpimentada, el arroz y el tomate. Todo en crudo.

Se rellenan los pimientos con esa mezcla y según su preferencia, se envuelven con papel aluminio o no, si interesa que queden más tostaditos al estar en contacto con la olla.

Se colocan todos de pie, aprovechando el efecto metro japonés a horas punta (apretujaditos para que no se caigan, sosteniéndose unos a otros) y se programa la olla 4 horas y media en alto, más media de reposo.

Como se puede apreciar en las fotos, hemos jugado con las variables arroz redondo/arroz vaporizado, envueltos en aluminio/a pelo. Y las diferencias no han sido significativas, salvo que el arroz vaporizado queda más suelto.

Lo mejor de esta receta es que admite todo tipo de variantes: se les puede rellenar casi de cualquier cosa, e incluso se les puede agregar verduras y tomate alrededor para hacer una salsa. Y al final se acompaña con una ensaladita y ya está, comida hecha. ¡A disfrutar!

Secreto de cerdo con espárragos trigueros

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero en esta casa hasta hace muy poco no habíamos tenido noticia del secreto de cerdo. No, no me refiero a un cotilleo vergonzante del pobre puerquito, sino a esa pieza de carne que se localiza entre la paletilla y la panceta, y que ahí habría seguido durmiendo la paz de los gorrinos si a los cocineros fashion no les hubiera dado últimamente por ensalzar sus virtudes.

Por un lado bien, porque la verdad es que el secreto es una delicia, con su carne entreverada de grasa que la hace tan jugosa y tan tierna. Pero por otro lado me temo que pasará como con la casquería, que hace muy poco costaba baratísima (nadie la quería) y ahora empieza a cotizarse como si fuera carne de primera. De momento, en Mercadona tienen secreto -y secreto ibérico- a precios todavía accesibles, así que hay que aprovechar.

Ingredientes:

2 piezas de secreto o secreto ibérico (para 4 personas con hambre, si se sirve con guarnición)

Un par de manojos de espárragos trigueros, sólo la parte tierna

Un buen puñado de champiñones cortados en láminas

1 patata grande pelada y cortada en trozos gruesos

Sal, pimienta, harina para rebozar, aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Se salpimentan los secretos, se pasan por harina y se sellan en una sartén, vuelta y vuelta ( o más doraditos, al gusto).

Se colocan en el fondo de la olla los champiñones, luego las patatas y los espárragos y al final los secretos.

Se cocinan 3 horas en alto.

¿Que no hay espárragos, o patatas, o champiñones ? Pues pimientos, o berenjenas o cebollas. Da igual. El sabor de la carne es espectacular y se lleva bien con cualquier verdura de temporada. Se deja acompañar por arroz blanco, o cuscús, o para los más delicados paladares mexicanos, por unos frijoles refritos con sus totopos de rigor.

¿Les cuento un secreto?  Mi dueña y su santo no dejaron de alabar la textura y la jugosidad de este plato, así que a partir de ahora queda oficialmente inscrito como favorito en el menú de esta casa.